• Caracas (Venezuela)

Maritza Izaguirre

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Maritza Izaguirre

La deuda pendiente

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Los indicadores utilizados para analizar los resultados de la gestión pública en la Venezuela de hoy reflejan que, a pesar de haber disfrutado de un ciclo excepcional en relación con los ingresos fiscales, los resultados obtenidos en cuanto a nivel y calidad de vida de la población dejan mucho que desear. Los desequilibrios macroeconómicos traducidos en la inflación acelerada, escasez y desabastecimiento, crisis cambiaria, inseguridad y violencia, inciden en el malestar generalizado, y mucha gente se pregunta por qué no logramos, aprovechando las circunstancias favorables, afrontar los retos presentes, algunos de ellos derivados de circunstancias especiales que, tales como los asociados a cambios en las tendencias demográficas, ocurren solo una vez, y que representan retos y desafíos para la gestión pública.

En estos años pudimos observar el descenso en la tasa de fecundidad, con incidencia en el número de nacidos vivos, lo que afecta el número de niños que ingresan al sistema escolar, lo que debió marcar la prioridad relacionada con la calidad de la educación inicial fundamental para el desarrollo posterior de ese grupo etario. Se trataba de concentrar esfuerzos en la mejora de la infraestructura, equipamiento y, en especial, elevación de las condiciones de trabajo y salario del personal docente.

Por otra parte, el incremento de nuevas cohortes a la educación media, técnica y profesional lleva a la asignación de mayores recursos para ofrecer oportunidades de formación a los inscritos, incluyendo no solo infraestructura y locación, sino facilidades requeridas para la formación de calidad, profesores, laboratorios, apoyos en tecnología y orientación social y psicológica, tan necesaria para adolescentes, muchos de ellos provenientes de entornos carenciales y problemáticos.

Esta fase previa a la incorporación laboral es clave para el desempeño posterior en el mercado de trabajo, donde cada vez más se exige al postulante, además de las habilidades especificas de carácter técnico, contar con ciertas actitudes y valores claves para el desempeño en el trabajo, tales como responsabilidad, cumplir con normas y procedimientos y respeto con el otro, patrones que deben estar presentes en la socialización de nuestros adolescentes y que facilitarán su vida laboral como adultos jóvenes. Su presencia cada vez más numerosa obliga a la generación de empleo de calidad, para lo cual se requiere del crecimiento y expansión del aparato productivo, hecho que se ha visto afectado por las políticas aplicadas, en especial las dificultades para la operación de las unidades productivas, limitadas por los múltiples controles, leyes y reglamentos que las obligan a desempeñarse en un entorno adverso, que incide en su operación diaria rodeada de incertidumbre y, por lo tanto, reduce las posibilidades  de generar empleo estable y bien remunerado.

Ello lleva al crecimiento de la informalidad y a la falta de oportunidades para profesionales y técnicos calificados a los que ante la falta de puestos de trabajo bien remunerados buscan oportunidades fuera del país, en un entorno global donde las economías en expansión requieren de recursos calificados y ofrecen, por lo tanto, la posibilidad de progresar y hacer carrera en el exterior. El país registra una pérdida en su capital humano resultado de años de esfuerzo de las políticas públicas aplicadas en los años precedentes, lo que resta además recursos a los esquemas de seguridad social, básico ante el envejecimiento de la población.

Revertir la situación obliga a la cooperación pública privada a fin de incrementar la eficiencia de las organizaciones responsables de las tareas señaladas.