• Caracas (Venezuela)

Maritza Izaguirre

Al instante

La destrucción de la salud pública

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La prensa recoge la calamitosa situación de la salud en la Venezuela de hoy, donde tanto el sistema público como el  privado enfrentan serias dificultades para cumplir con sus responsabilidades en atender  las necesidades de la población.

El deterioro del sistema refleja el debilitamiento de las instituciones responsables de la gestión de una estructura construida con mucho esfuerzo y compromiso por varias generaciones de funcionarios al servicio del Estado, proceso que nace en 1936 con la creación del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, bajo la conducción del doctor Enrique Tejera.

Se inicia así un proceso de institucionalización de la sanidad y asistencia social que fue capaz de lograr en pocos años un verdadero cambio en la gestión sanitaria, lo que le permitió alcanzar metas concretas que mejoraron la calidad y nivel de vida de los venezolanos, población afectada seriamente por paludismo, tuberculosis, lepra y otras enfermedades tropicales que atacaban a los habitantes de ese país rural.

El Estado se preocupó a lo largo de los años por fortalecer los recursos humanos del sector, formando el personal técnico especializado, médicos, ingenieros sanitarios, personal paramédico, entre otros, que luego de su formación en el exterior se incorporaron al sistema asumiendo el diseño y aplicación de una estrategia de salud pública que logró el control de las endemias originadas en problemas ambientales, asociadas a la mala calidad del agua, alcantarillado y vivienda, entre otras, al facilitar al mismo tiempo el acceso de la población a la atención primaria y secundaria, al incrementar la atención directa, mediante la construcción de la infraestructura hospitalaria tan necesaria para acompañar el crecimiento de la demanda.

Ello llevó bajo la jefatura del ministerio, en los años cuarenta y cincuenta, a toda una generación de funcionarios públicos comprometidos en la promoción de la cooperación de la sociedad civil, mediante la organización de las sociedades científicas, universidades y sector privado, estructurando un sistema capaz de acompañar al Estado en la extensión de los servicios. Sin embargo, para los años ochenta se hacía evidente que el sistema requería de una mayor integración, descentralización de la gestión y revisión de los esquemas de financiamiento de servicios cada vez más complejos y costosos.  

Lamentablemente, en los últimos años, la gestión del sector ha sido muy deficiente. El resurgimiento de males ya superados, como la malaria, la sarna y otras enfermedades asociadas a la pobreza, acompañadas de la gestión ineficiente de las instituciones y la falta de recursos para el equipamiento e insumos, agrava aún más la situación, tal como lo recoge diariamente la prensa nacional, al señalar serios problemas en la oferta de servicios, lo que se refleja en el deterioro de las condiciones y calidad de vida de los venezolanos. Se requiere por lo tanto un cambio profundo de gestión y compromiso de una nueva generación.