• Caracas (Venezuela)

Maritza Izaguirre

Al instante

Inflación y deterioro de la calidad de vida

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Es evidente que el alza continua de los precios incide fuertemente en la calidad de vida de la población, afectando en especial a los trabajadores activos, jubilados o pensionados, y a los dependientes de ingresos variables, vinculados al trabajo informal.

La angustia y desasosiego que acompaña la vida diaria, marcada por la inseguridad, la escasez y el desabastecimiento de los bienes básicos: alimentos, productos de higiene personal, medicinas, se complica aún más, al tener que afrontar gastos extras, asociados con frecuencia, ala salud, educación o reparaciones domésticas. Contingencias no contempladas en el presupuesto ordinario, y que se deben afrontar, obligando a priorizarlas necesidades. Toca entonces, decidir si se repara el artefacto doméstico envejecido, pero de difícil reposición, ya sea porque desapareció de los anaqueles o se encuentra en oferta a precios elevados, o si se acometen las urgentes tareas de reparación de la infraestructura, relacionada con la electricidad, plomería, paredes o pisos; tareas que en el pasado, constituían el mantenimiento rutinario de la vivienda, y que hoy se complican ante la escasez de insumos o partes, con precios que varían día a día, alterando el presupuesto estimado, lo que obliga a dar un compas de tiempo a la ejecución de las tareas.

Estos gastos no presupuestados, constituyen un verdadero dolor de cabeza, ya que resolverlos implica, endeudarse, utilizando al máximo las tarjetas de crédito o solicitando avances sobre prestaciones u otras formas de ahorro, con frecuencia ya comprometidos en el financiamiento de gastos extras, vinculados a la reducida capacidad de ahorro, consecuencia de la alta inflación. La escasez obliga a priorizar, a lo más urgente primero y el resto queda para otra ocasión, lo que conduce al deterioro creciente de los daños identificados.

Lo anterior implica que la vivienda se deteriora, pierde valor, afectada a su vez por la baja calidad de los servicios públicos disponibles en el entorno, tales como la frecuencia en la recolección de basura, el estado de la limpieza de calles, avenidas, plazas y jardines, pavimento, redes de servicio, agua, alcantarillado, alumbrado y telefonía, entre otros.

Disponibilidad que a su vez depende de la gestión pública y de los recursos asignados, disminuidos por la inflación y la falta de transparencia en la toma de decisiones tanto a nivel nacional, como estadal y local.

 De allí que al no modificar el camino escogido, persisten los desequilibrios y la presencia destructiva de la inflación, afectando el patrimonio individual y colectivo, empobreciendo a la población, estimulando conductas indebidas, y afectando la calidad y condiciones de vida de las comunidades.

No hay tiempo que perder, hay que asumir responsablemente el cambio de paradigma.