• Caracas (Venezuela)

Maritza Izaguirre

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Educación, clave del progreso

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Una de las preocupaciones presentes en la literatura especializada es la necesidad de elevar la calidad de la educación en América Latina y el Caribe, ya que, a pesar de los esfuerzos realizados al contar con recursos fiscales, producto del mayor valor de las exportaciones y de la inversión extranjera directa, que permitieron el incremento en el gasto educativo y en programas especiales destinados a mejorar la situación de las familias de menores ingresos, y que lograron alcanzar metas importantes en cuanto a la escolarización de niños y jóvenes, este proceso no fue acompañado por una mejora sustancial en la calidad del conocimiento impartido. De allí que una de las tareas pendientes es la mejora sustancial del sistema educativo.

Más aún cuando está demostrada la estrecha relación entre los contenidos trasmitidos y los conocimientos requeridos para incorporarse a la revolución del conocimiento y productividad de la fuerza de trabajo, indispensables para recuperar la senda del crecimiento sostenible del aparato productivo.

Lo anterior exige una revisión profunda del acercamiento institucional al problema, cambios en la política, una mayor descentralización y la incorporación de esquemas alternativos, dominados por una clara cooperación público-privada, en especial en la formación profesional y en la incorporación temprana de los niños y jóvenes al mundo del trabajo, donde actitudes y valores, tales como el respeto a las normas y regulaciones, el trabajo en equipo y el orgullo por las tareas bien ejecutadas, son fundamentales para lograr internalizar desde temprano la importancia de participar en el proceso productivo, para lo cual se requiere de una economía en expansión, fuerte, capaz de generar empleo estable y bien remunerado.

En nuestro caso preocupa aún más el bajo rendimiento de la inversión social asociada al financiamiento de las diferentes misiones, canal institucional para la distribución de los cuantiosos ingresos derivados de los altos precios del crudo en los años precedentes: en esos años la matrícula crece, pero no se observan mejoras en infraestructura y equipamiento, persiste las falencia en las escuelas rurales y las ubicadas en barrios y parroquias urbanas de menores ingresos. Persisten déficits en la construcción de liceos y un deterioro creciente de la planta física en universidades y centros de educación superior, los cuales han visto reducido su presupuesto, lo que afecta las plantillas e impide el acceso a las generaciones de relevo; además, reduce las posibilidades reales de intervenir en la generación del conocimiento, al verse limitadas por falta de presupuesto y de recursos en moneda extranjera la adquisición de materiales y equipos, la cancelación oportuna de los compromisos derivados de la participación en redes de servicio y comunicación, hoy claves para un desempeño competitivo en el mundo global.

De allí la importancia de rectificar, recuperar la institucionalidad, respetar la cooperación publica-privada, fortalecer el sistema, mejorar las condiciones y calidad de vida del personal docente y ofrecer reales oportunidades de progreso e inclusión a los participantes, en especial a los niños, adolescentes y jóvenes que aspiran, y con razón, a una educación de calidad que les facilite su inserción posterior en una vida productiva en un país de oportunidades y no de fracasos.