• Caracas (Venezuela)

Maritza Izaguirre

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Maritza Izaguirre

Crisis y violencia

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No hay duda de que confrontamos como sociedad una violencia inusitada, que se expresa en diversos órdenes: la verbal, en la cual los que ejercen el poder agreden a los opositores asumiendo que el que piensa distinto es responsable de la crisis que vivimos, y que se distingue por la inflación desatada, la escasez y el desabastecimiento, la inseguridad y el deterioro continuo de las condiciones y calidad de vida.

Pero el discurso oficial no reconoce que parte de lo que sucede se relaciona con la adopción, diseño y aplicación de políticas que, al no lograr sus metas, han provocado serios desajustes en el aparato productivo, que ha visto reducida su capacidad de generar los bienes y servicios necesarios para satisfacer la demanda, y disminuye el empleo formal y los ingresos de los afectados, estimula las importaciones y lleva al país a una economía de puertos.

Un ejemplo lo constituye el deterioro de los núcleos industriales levantados con esfuerzo y dedicación, donde la inversión privada contó con los incentivos estatales necesarios para instalar en el país parques industriales hoy venidos a menos por el cierre de unidades y las múltiples dificultades que encuentran para operar las empresas que aún sobreviven luchando contra las diversas restricciones, a fin de cumplir con clientes, obreros y comunidades.

De otro lado, las cifras indican el debilitamiento progresivo de las instituciones públicas, que afrontan problemas para adoptar las decisiones claves destinadas a superar la crisis productiva, por una parte, y por la otra, la inseguridad y la violencia que acompañan la vida diaria del ciudadano, y que repercute negativamente en los agentes económicos al perder confianza en la propuesta oficial.

Sin inversión privada es difícil estimular la producción, para lo cual también se requiere un cambio cualitativo en la oferta de servicios públicos como educación, capacitación y formación en el trabajo; salud y saneamiento; infraestructura y transporte, y una mejora apreciable en el diseño y aplicación de las medidas destinadas a revertir la situación de inseguridad, marcada por delitos como robo, secuestro, extorsiones, asesinatos y la presencia cada vez más frecuente del crimen organizado.

Estos elementos contribuyen a la gravedad de la crisis económica y social; por lo tanto, hay que enfrentar el problema. Se requiere del acercamiento entre las partes para lograr posiciones comunes que permitan forjar un compromiso nacional; dejar de lado la violencia verbal y el desconocimiento del otro. Todos integramos una sociedad cansada de la confrontación, que rechaza la violencia y aspira a la paz. Recobremos la senda del progreso en un entorno de igualdad y fraternidad.