• Caracas (Venezuela)

Mario Guillermo Massone

Al instante

La tragedia de los 26

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Lo que sucedió aquel día fue trágico, no solo para los afectados; sino para el país. Fue un verdadero escándalo nacional. Los venezolanos no lo podíamos creer. Millones de personas vieron la noticia por la televisión. Otros por la radio. Las redes sociales estallaron ese oscuro día que quedará impregnado con dolor en la memoria histórica del principal país petrolero de Latinoamérica.

No había pasado una hora desde el incidente en el mercado municipal, cuando comenzaron a llegar las manadas de periodistas para cubrir el suceso. Las gentes veían el escándalo desde los balcones de los edificios aledaños. Amas de casa, madres con sus niños en brazos, ancianos y jóvenes salieron de sus hogares para ser espectadores de primera mano del espectáculo.

La gravedad fue de tal magnitud, y los ánimos de los presentes estaban tan caldeados, que el alcalde hizo acto de presencia y fungió como mediador entre los actores e hizo un llamado a la calma. Una doña que pasó minutos después del evento, al enterarse de lo acontecido se desmayó ipso facto.

La noticia no se hizo esperar. Periodistas, camarógrafos, reporteros con grabadoras y teléfonos celulares grababan registrando las imágenes y los testimonios de quienes presenciamos los hechos. La difusión de la noticia en vivo produjo sus efectos. Varios comercios cercanos bajaron sus santamarías. Muchas oficinas también. Se supo que una escuela pública suspendió clases. Nadie podía creerlo. Siguiendo el dicho, del otro Tomás, “ver para creer”, todos querían ir a constatarlo con sus propios ojos.

No había pasado una hora, cuando las redes sociales ya se inundaron con el asunto. Los hash tags #EstallaronLos26 y #NoSeSalvoNiUno fueron los trending topic del día. El estado de conmoción nacional llevo a la Asamblea Nacional a suspender la agenda del día y por acuerdo unánime los diputados de la Mesa de la Unidad Democrática y los del Gran Polo Patriótico alzaron sus manos para llamar a la tranquilidad pública. El presidente no tardó en dirigirse a la población, en cadena nacional, para calmar los ánimos y evitar consecuencias mayores.

La concentración de personas que, afligidas por las noticias, se movilizaron hacia el lugar de los hechos  obligó a la policía municipal a acordonar las calles de acceso al mercado para garantizar el orden público. Pero las masas se desbordaron, la policía perdió el control de la situación. Una caravana de camiones llenos de guardias nacionales se estacionó frente a la entrada principal del mercado. Los muchachos se posicionaron rápidamente para reforzar los esfuerzos policiales.

Las partes involucradas eran dos, una señora de unos sesenta años y un hombre de unos treinta. Ella es madre de ocho. El, huérfano de nacimiento y desempleado. Además de madre, doña Carmen es el único sostén de la familia. No solo se sacrifica para alimentar a su prole, pues su madre y tres nietos viven en su humilde hogar. Dadas las circunstancias del país, y las suyas, Jorge tenía meses sin conseguir en qué ocuparse. Su presente era muy duro y su futuro no pintaba nada bien. Pero nunca imaginó que ese día su vida cambiaría para siempre.

Dada la trascendencia pública, el presidente reunió a su gabinete y al alto mando militar. Por poco y decreta un estado de excepción, con la consecuente restricción de garantías constitucionales. Hasta un toque de queda y la militarización del territorio se consideró. Se decidió algo distinto. A las siete de la noche inició la segunda cadena nacional del día. Para sorpresa de los televidentes el presidente fue breve. “Hoy se ha cometido un crimen terrible. Una víctima y un victimario han trastornado a la nación. El delincuente debe ser juzgado y castigado con todo el peso de la ley. Si hubiera pena de muerte, la pediría… Seguro es un agente de la CIA, un agente del imperio… Esto es parte de la estrategia de la guerra económica de la derecha y la conspiración global para derrocarme… ¡Es más! ¡Seguro segurito, que de seguro ténganlo por cierto fue Lorenzo Mendoza…!” Para esa hora, ya Jorge estaba preso en un calabozo de los servicios de inteligencia.

El juicio fue breve. La fiscal le acusó de haber actuado con premeditación y con plena intencionalidad para desestabilizar al gobierno revolucionario, por lo que el gobierno fue tan víctima como doña Carmen. Los abogados defensores de Jorge basaron su defensa en el hecho de que era ciego, lo cual hacía imposible divisar a doña Carmen para cometer el crimen que le imputaron. Pero con un sistema judicial sin independencia, sumiso y obediente a las órdenes del presidente, el destino de Jorge estaba escrito. El tribunal no admitió las pruebas para demostrar la ceguera de Jorge. Exámenes médicos, testigos de conocidos… Nada.

La mayoría de la población quedó consternada tanto con lo sucedido en aquel mercado municipal como con la repercusión en la vida de Jorge. Como con tantos otros hombres y mujeres injustamente encarcelados, se había cometido una máxima injusticia en el caso de Jorge. Tan es así, que la Asamblea Nacional lo ha incluido en la ley de amnistía para liberarlo de la prisión.

Y es que pareciera que el universo le hizo una broma a Jorge aquel día. Pues, minutos antes de la tragedia un delincuente le robó, arrebatando con violencia su bastón. Y como argumentó la fiscal durante el juicio, que utilizó el juez como motivo para condenarlo: “Ningún ciego anda sin bastón”. Aunado a ello, la escasez, el desabastecimiento de alimentos reinante en Venezuela, los sacrificios que la población hace para conseguirlos: colas, enfrentamientos, competencia salvaje cuando queda un solo producto, la propaganda del gobierno sobre la guerra económica, .y las demás circunstancias de miseria que sufrimos, colocaron a Jorge en el ojo del Leviatán. Por eso su nombre está inscrito hoy día en la larga lista de presos políticos del régimen.

Narro con memoria vívida el caso de Jorge. Porque estuve allí, en el mercado, cuando aconteció. Porque le ofrecí defenderlo y soy Marco, uno de sus abogados defensores. Han pasado meses desde que culminó el juicio y hoy decidí contarlo. Decidí contarlo luego de ojear los recortes de prensa que reposan en el archivo de su expediente. En la primera plana que publicó Últimas Noticias al día siguiente de ocurridos los hechos se lee: “Perecieron los 26”. Por su parte el del Universal dice: “No hubo sobrevivientes”.

El diario El Nacional, en cambio, tituló: “Ciego preso por romper huevos”, y el subtítulo: “En medio de la crisis humanitaria de alimentos se rompieron los últimos 26”. Doña Carmen recibió dos cartones de huevos de manos del presidente y hoy encabeza el Comité de Víctimas de la Guerra Económica. Sin embargo, Nelson Bocaranda ha reportado en sus Runrunes que los huevos que le entregó son falsos. De plástico. Quizá le pagaron a la doña y se prestó.

¡Ah…! Debí decirles desde el principio que, sin su bastón, Jorge tropezó con una de las cajas de vegetales colocada sobre el piso, estrellándose contra el cartón de veintiséis huevos de doña Carmen. Sobre el asfalto yacían las yemas reventadas mezcladas con las claras y desechos de verduras. Se trató del último cartón de huevos que se tenga noticia existió en Venezuela. Una tragedia.

@massone59