• Caracas (Venezuela)

Mario Guillermo Massone

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El estado de los derechos

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Los derechos que no podemos ejercer, no son derechos. A partir de esta premisa, el estado de los derechos de los venezolanos no pasa el examen más básico.

Los derechos más esenciales para la existencia, para sobrevivir, hoy están grave e inminentemente amenazados. La alimentación y la salud se alejan de la realidad para hacerse utopías lejanas. Doce horas de cola para luego no poder llevar proteína a la mesa familiar, es algo imperdonable, inhumano. Más cuando se contextualiza en las posibilidades materiales de la nación.

Una artillería pesada en avanzada destruye nuestros derechos políticos, los cuales son arrasados y anulados por la propia acción del poder público. El lanzamiento de inhabilitaciones inconstitucionales en contra de candidatos viola el derecho de los ciudadanos a elegir y el derecho de los dirigentes a ser elegidos. La autonomía del partido Copei, ultrajada por una sentencia que otorga más de lo que se pedía. Es significativo observar cómo quienes están a la cabeza de los partidos políticos de oposición están presos, inhabilitados o con causas judiciales abiertas; mientras que quienes dirigen las megabandas criminales poseen plena libertad de movimiento y acción.

Mientras la impunidad impera en las calles de Venezuela, la injusta causa penal en contra de El Nacional, La Patilla y Tal Cual continúa su curso. La libertad de expresión, pilar de toda democracia, es socavada por un poder judicial esclavo de la voluntad irracional totalitaria, que ejerce sin reparo una perversa libertad de opresión.

Los derechos de propiedad y de empresa están en la lista de especies en extinción. La gran propiedad, la pequeña propiedad, la pequeña, la mediana y la gran empresa, son objeto de depredación igualitaria por parte de la acción del gobierno. Porque comprar un vehículo, una vivienda, ¡o una nevera!, son sueños del más allá. Los trabajadores de las fábricas no tienen actividad. No hay materia prima que transformar.Juegan dominó y leen el periódico con la angustia de no saber hasta cuando tendrán un salario.

Los derechos existen para garantizar la consecución de los bienes necesarios para la vida humana en libertad. La libertad y el derecho estás consustanciados. Si los derechos están bajo ataque, la libertad también lo está. Si no hay libertades, los derechos no significan absolutamente nada.

Estamos ante una encrucijada cuyo camino lo definiremos el 6 de diciembre. Los obstáculos se nos presentan como una odisea venezolana, que deberá conllevar al rescate del derecho.