• Caracas (Venezuela)

Mario Guillermo Massone

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Mario Guillermo Massone

Fascismo en la OEA

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El martes 28 de octubre de este año 2014 se dieron sendas audiencias en el seno de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, de la Organización de Estados Americanos OEA. La causa: Venezuela. La materia: 1) Situación general de los Derechos Humanos; 2) Independencia del Poder Judicial, y 3) La libertad de expresión.

Más allá del análisis político de opinión, quiero elevar a la inteligencia del lector la cuestión filosófica que plantean las declaraciones públicas del representante del gobierno de Venezuela ante la CIDH, Germán Saltrón.

En las audiencias participaron con su presente voz organizaciones no gubernamentales de la sociedad civil, tales como Cofavic, Vicaría de Derechos Humanos, Un Estado de Derecho y SNTP.

Sobre dichas voces, y en vez de atender a los argumentos, Germán Saltrón prefirió valerse de la falacia ad hominem; esto es: el ataque y descalificación de los interlocutores, evadiendo el verdadero debate público y democrático que exige argumentar sobre el tópico. Sobre la materia. Empero, sus afirmaciones expresadas ante la comunidad internacional de naciones desde ese foro nos entregan una muy valiosa confesión acerca de los principios totalitarios en que se ha construido el régimen despótico venezolano.

Una de las premisas sobre las cuales nace el Estado moderno, el Estado de Derecho, es la supremacía de la persona sobre el Estado. Ya hace unos 2.500 años Aristóteles nos anunciaba que el hombre es antes que el Estado. Ello implica y obliga el reconocimiento de la persona humana como fundamento y justificación del poder del Estado, poder cuyo ejercicio debe ser y estar limitado por los derechos naturales, llamados derechos humanos en la modernidad, de nosotros las personas. Y no al revés.

Es de suma relevancia y ultrarrevelador este pronunciamiento de Saltrón que dirige a la CIDH:

“No puede ser que ustedes valoren igual a un Estado soberano que a unas organizaciones no gubernamentales. ¿Quién nombra a las ONG? ¿Qué legitimidad tienen para compararse con un Estado? Ninguna”.

Pues resulta que las ONG son una expresión de las personas humanas que en su carácter de ciudadanos, es decir, de titulares de derechos, se asocian en comunidad. La voz de una ONG es la voz de personas de carne y hueso, que existen y ríen y sufren, que son en definitiva mucho más importantes que una ficción teórica como la es el Estado.

La teoría del fascismo, que sostiene Benito Mussolini en su obra con ese mismo nombre, fue una reacción en contra de la razón occidental que sustenta al Estado moderno. Este líder y teórico del totalitarismo nos dice: “…La concepción fascista resalta la importancia del Estado y acepta al individuo solo en tanto sus intereses coincidan con los del Estado, el cual se manifiesta como la conciencia y voluntad del hombre como entidad histórica… el fascismo defiende la libertad, y por la única libertad que vale tener, la libertad del Estado y la del individuo dentro del Estado”. (Mussolini, Benito: Fascism: doctrine and institutions, Rome, Ardita Publichers, p. 10).

Las ONG constituyen formas asociativas vitales para la civilización. Encarnan activamente a la sociedad civil. La sociedad civil son todas las asociaciones intermedias. Intermedias porque se colocan entre los extremos del Estado y el individuo, entre el Estado y la familia, entre el Estado y el pueblo. En ellas confluyen las libertades de pensamiento, de creación, de asociación, de expresión, los derechos al desarrollo de la personalidad de las personas, a crear y aportar cultura y conocimiento, a conseguir financiamiento para todo lo anterior…

Las ONG están constituidas por personas humanas, ciudadanos. Y el Estado moderno, producto de la razón occidental, profiere y afirma la supremacía de la persona sobre el Estado; luego, la presencia, las intervenciones y las voces de ellas deben ser reconocidas, consideradas, respetadas y fomentadas por la OEA, su CIDH e, incluso, por el Estado venezolano.

Pero lo último no ocurre. El Estado venezolano, por medio de la palabra pública de Germán Saltrón, representante del gobierno de Venezuela ante la CIDH, se pronuncia sosteniendo el tuétano de la teoría fascista. Saltrón asume inequívocamente posición idéntica a la del fascismo de Mussolini. Saltrón defiende la supremacía del Estado, tal como también lo hizo Hitler en su obra Mein Kampf. Saltrón enmarca su verbo en la misma dirección que lo hicieran en su momento los miembros del partido nazi, el Tercer Reich.

La CIDH nace para salvaguardar los derechos humanos. Para garantizarlos y para velar por su protección. Son los derechos humanos de las personas. Cada ONG asume una materia o una parcela del vasto campo de la libertad y los derechos. En consecuencia, cada ONG coadyuva con ese velar y, por tanto, posee un puesto esencial como parte dentro de la sociedad como un conjunto. Y es el hecho de que estas organizaciones se han creado, justamente, con el espíritu y propósito de comunicar, educar y defender los derechos humanos lo que les otorga la legitimidad activa para actuar en procesos referidos a su razón de ser.

Las palabras de Germán Saltrón deberán quedar registradas en la lápida histórica de este régimen represivo encabezado por Nicolás Maduro. Será un recordatorio de que habiéndose derrumbado el Muro de Berlín en 1989, año en que sucedió el Caracazo, y luego materializándose la disolución de la Unión Soviética en 1992, año en que se fraguó el golpe de Estado frustrado, en Venezuela se incrustaba el germen de la ideología totalitaria del socialismo real cuyo fracaso dio cabida a ambos hitos para la historia de la civilización occidental.