• Caracas (Venezuela)

Mariano De Alba Uribe

Al instante

La fórmula Malcorra para Venezuela

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:


El jueves 5 de mayo de 2016, el Consejo Permanente de la OEA se reunió para escuchar una exposición de la canciller Delcy Rodríguez. La sesión fue especial porque fue el régimen de Nicolás Maduro el que decidió convocar a una reunión en una organización internacional que se ha cansado de tratar de deslegitimar. Además, se contó con la presencia de la canciller argentina, Susana Malcorra.

El régimen trató de llevar la discusión a un enfrentamiento con el gobierno de Estados Unidos. Sin embargo, se encontró con que la gran mayoría de los países que intervinieron luego de la presentación de la canciller, optaron por enfocarse en la necesidad de un diálogo urgente entre el oficialismo y la oposición. Para muestra, de los 11 países que hicieron uso del derecho de palabra, solo Bolivia, Nicaragua y El Salvador manifestaron su apoyo al discurso antiestadounidense de la canciller venezolana.

Especial importancia tuvo la intervención de la canciller argentina, quien recogió el sentir de la mayoría de los gobiernos de la región sobre cuál debe ser el papel de la comunidad internacional con respecto a la crisis. La fórmula que propone Malcorra es ofrecer la colaboración de la región para ayudar inmediatamente en la crisis social y humanitaria que están sufriendo los venezolanos al mismo tiempo de tratar de tender un puente para que finalmente se concrete un diálogo entre los actores políticos relevantes. Ambas alternativas están siendo actualmente bloqueadas por el régimen, que no solo se ha negado a recibir ayuda humanitaria, sino a participar en un diálogo verdadero que efectivamente busque resolver la crisis.

Para que el régimen chavista no tenga excusas, la canciller argentina manifestó también que ese diálogo se puede dar bajo el auspicio de cualquier organización multilateral –incluso distinta a la OEA– pero tenía que darse. “No es momento de retórica sino de hechos”, sentenció quien es una de las posibles candidatas a suceder a Ban Ki-moon en la Secretaría General de la ONU. La frase no le gustó a la canciller Delcy Rodríguez.

Otro elemento que quedó claro luego de la sesión es que no existe consenso para la aplicación de la Carta Democrática Interamericana con respecto a Venezuela. Ni siquiera el representante de Estados Unidos hizo un llamado para que se activara alguno de los mecanismos de la Carta. Horas antes de su participación en el Consejo Permanente de la OEA, Malcorra ya había advertido que “no está en juego la aplicación de la Cláusula Democrática en Venezuela” y que pensaba que dicha cláusula había sufrido una devaluación por el apresuramiento de algunos sectores para invocarla.

Por lo tanto, lo más probable que ocurra en las próximas semanas es que ni el secretario general de la OEA ni alguno de los países miembros de la OEA decida invocar la aplicación de la Carta. Una vez más, la región ha decidido poner sus esperanzas en un diálogo o negociación que lo más probable es que no ocurra. Esto se debe a que el régimen solo tiene ánimo de avanzar en su objetivo de aguantar hasta enero de 2017 para que salga Maduro y el chavismo pueda tratar de recomponerse antes de las elecciones presidenciales de diciembre de 2018.

Pero no puede descartarse que el deterioro progresivo de las circunstancias que vive Venezuela finalmente obligue al régimen (o al menos a un sector) a sentarse en la mesa y buscar una salida consensuada a la crisis. La fórmula planteada por Malcorra no quiere decir que no estén dados ya los requisitos legales para que se invoque la Carta –que claramente lo están– sino que diplomáticamente es mejor apelar ahora a una negociación que quizás podría darse y dejar la posibilidad de invocar la Carta para un momento más crítico y definitivo.

Luego de la reunión, Malcorra ha recibido fuertes críticas y su discurso ha sido tildado como decepcionante y blando. Pero la diplomacia es el arte de lo posible y Malcorra reconoce que solo puede ser de utilidad si su presencia en una eventual negociación es aceptada por ambas partes. ¿Hubiese servido de algo dar un golpe en la mesa y cerrar totalmente el canal de comunicación con el régimen? ¿No es obvio que –al menos por ahora– no existen los votos suficientes en la OEA para que se aplique la Carta? De lo contrario, Estados Unidos ya hubiese podido invocar su aplicación.

En cualquier caso, es importante tener claro que la invocación de la Carta Democrática lo único que generaría es el reconocimiento formal de que existe una alteración grave del orden democrático en Venezuela, teniendo entonces los Estados miembros de la OEA que realizar gestiones diplomáticas para tratar de ayudar a enmendar la situación. La aplicación de esa Carta de ninguna manera supone o permite la intervención de uno o varios países sobre lo que ocurre en Venezuela. Más bien, el régimen aprovecharía la aplicación de la Carta para aislarse aún más de la OEA y seguir tratando de fortalecer su presencia en organizaciones como la Unasur.

En fin, si hubo un momento trascendental en la intervención de la canciller Rodríguez fue su reconocimiento ante la OEA de que el referéndum revocatorio es una opción para que los venezolanos canalicen pacíficamente sus diferencias. La canciller Malcorra debe ahora cumplir su promesa y conjuntamente con un grupo de países como Chile, Colombia y México hacer todo lo que esté a su alcance para que se concrete el diálogo. Tomándole la palabra a la canciller venezolana, uno de los elementos fundamentales por el que debe presionarse es para que el régimen permita que el revocatorio se realice este año y sean los venezolanos los que decidan la solución a la crisis.

Si ello no ocurre, lo máximo que se puede esperar de la comunidad internacional es que sigan realizando gestiones diplomáticas. La solución verdadera pasa fundamentalmente por la presión de los venezolanos para que haya un referéndum revocatorio y luego elecciones presidenciales anticipadas. De la comunidad internacional solo se puede esperar acompañamiento y ayuda para que tratar de que, milagrosamente, algún sector del régimen demuestre algo de racionalidad.