• Caracas (Venezuela)

Mariano De Alba Uribe

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¿Por qué Ramos Allup no debe ir a la OEA?

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El próximo jueves 23 de junio de 2016, el Consejo Permanente de la OEA se reunirá en una sesión extraordinaria para recibir la presentación formal del informe de su secretario general, Luis Almagro, sobre la crisis venezolana. La agenda del día prevé que posteriormente a esta presentación se dará la intervención de los países miembros que así lo deseen.

El informe del secretario general Almagro concluye que en Venezuela existe una alteración grave del orden constitucional y recomienda la activación de la Carta Democrática. Por ende, se espera que los países discutan lo que prevé el informe y finalmente decidan, mediante el voto, si la Carta debe ser activada. En este sentido, es muy importante destacar que la activación de la Carta lo único que trae como consecuencia es que los países de la OEA dispongan que se realicen gestiones diplomáticas para promover la normalización de la institucionalidad democrática. Esto podrían hacerlo reafirmando su apoyo a los esfuerzos dirigidos por el ex presidente Rodríguez Zapatero, promoviendo la incorporación de otros ex presidentes a ese esfuerzo o incluso proponiendo a un mediador distinto como podría ser el Vaticano.

Ante este escenario, el presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, ha anunciado que acudirá a la sesión extraordinaria del 23 de junio para exponer la crisis que existe en Venezuela. Sin embargo, por las siguientes razones, considero que estaría en el mejor interés del país y de la oposición venezolana que Ramos Allup finalmente no acuda a la OEA.

Primero, las normas que regulan el funcionamiento de las sesiones del Consejo Permanente de la OEA (Estatuto y Reglamento) no prevén la posibilidad de que el Consejo reciba invitados durante sus sesiones. En consecuencia, en caso de que el presidente de la Asamblea Nacional quisiera realizar una exposición, la representación del gobierno de Venezuela perfectamente podría oponerse. Esto daría paso a un debate entre los países, que finalmente decidirían, mediante su voto, si Ramos Allup puede o no participar.

Segundo, al momento de plantearse el debate sobre si Ramos Allup debe o no participar, toda la atención del Consejo se desviará hacia este tema, olvidándose así la discusión verdaderamente importante: la de la grave crisis que existe en Venezuela. El objetivo de Ramos Allup es exponer sobre la crisis venezolana. Sin embargo, esa crisis ya está ampliamente expuesta en el informe del secretario general Almagro.

Tercero, la experiencia nos dicta que la representación del gobierno venezolano es experta en utilizar mociones procedimentales para desviar el debate. Un ejemplo perfecto del riesgo al que se expone Ramos Allup al presentarse en la OEA lo vimos hace dos años cuando la entonces diputada María Corina Machado trató de intervenir ante el mismo Consejo Permanente por invitación de la delegación de Panamá. Esa sesión duró más de ocho horas para simplemente decidir si la entonces diputada podía participar. Al final, la delegación venezolana logró que la sesión se realizara a puerta cerrada y que Machado no pudiera intervenir. Es obvio que el gobierno ya se está preparando para repetir la estrategia cuando se considera que hace escasos días el Tribunal Supremo emitió una sentencia –obviamente errada– declarando que es inconstitucional que el Parlamento actúe en las relaciones internacionales.

Por ende, en aras de que la discusión se centre en la crisis venezolana, el informe presentado por Almagro y la posible activación de la Carta, lo más conveniente para la oposición venezolana es que el presidente de la Asamblea Nacional no acuda a dicha sesión.