• Caracas (Venezuela)

Mariano De Alba Uribe

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Mariano De Alba Uribe

Atraso latinoamericano

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No cabe duda de que la administración Obama cometió un error político de grandes magnitudes al calificar la situación que vive Venezuela como una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y política exterior de Estados Unidos. En consecuencia, el gobierno de Nicolás Maduro ha sabido aprovechar la oportunidad y montar toda una parafernalia para tratar de cohesionar al chavismo y rescatar su decadente legitimidad internacional.

Se trata de una parafernalia, pues, como es obvio para la comunidad internacional, en realidad la situación en Venezuela no representa una amenaza inusual ni extraordinaria para Estados Unidos ni para ningún otro país del mundo. Si en verdad la situación venezolana representase una amenaza, el gobierno norteamericano no continuaría comprando petróleo, aportando las divisas que en buena medida financian al gobierno. Otros países de la región hubiesen alzado su voz en vez de aprovechar nuestras dolencias para promover sus exportaciones y veríamos a gobiernos latinoamericanos criticando férreamente las violaciones de los derechos humanos.

Siendo esto así, es de lamentar que prácticamente la totalidad de las delegaciones presentes en la reunión extraordinaria de la OEA para discutir la orden ejecutiva del presidente Obama se haya quedado en el análisis superficial que ha promovido el gobierno venezolano. Del gobierno venezolano, más concentrado en asegurar su estancia del poder a como dé lugar, tal artimaña propagandística era de esperarse.

Pero de las delegaciones en la OEA, e incluso de varios cancilleres que estuvieron presentes, un análisis un poco más profundo tendría que haber ocurrido. Prácticamente Canadá fue el único país que se atrevió a resaltar la grave crisis de respeto a los derechos humanos que existe en nuestro país. Y cabe destacar que esa determinación no la ha hecho el gobierno de Estados Unidos, sino organismos internacionales como la propia Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el Consejo y la Oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU e innumerables ONG, nacionales e internacionales, dedicadas a la promoción y protección de los derechos básicos para un ser humano. ¿Para que existen estas organizaciones entonces?

Más bien, la inmensa mayoría de los gobiernos de la región decidieron apelar al diálogo entre Estados Unidos y el gobierno de Venezuela o al diálogo entre el gobierno de Maduro y la oposición venezolana. No obstante, no hubo ni una sola voz que dijera que para un diálogo fructífero a nivel interno deben darse primero ciertas condiciones, como la liberación de los presos políticos y el desarme de los grupos armados que actúan por órdenes directas de personeros del gobierno venezolano.

Adicionalmente, fue un tabú que los países alzaran su voz para exigirle al gobierno de Venezuela el restablecimiento de al menos un grado mínimo de garantías democráticas como la libertad de expresión o la independencia judicial. No cabe duda de que ese instrumento llamado la Carta Democrática Interamericana ha pasado a la historia como un mero papel, firmado libremente por la totalidad de los países de la región, sin ya valor alguno.

Esta situación demuestra el poco compromiso que existe en nuestra región por los valores democráticos y los derechos humanos. Como ya ha sido evidente durante muchos años, siguen privando los intereses económicos y la excusa de que el gobierno de Estados Unidos es el culpable de algunos o todos nuestros males. Mientras esto sea así, será muy difícil que Latinoamérica, como región, pueda surgir.

 

@marianodealba