• Caracas (Venezuela)

Mariano De Alba Uribe

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Mariano De Alba Uribe

Arrodillados ante el eterno enemigo externo

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Ante la evidente crisis económica, el régimen ha optado por la estrategia más mediocre y predecible: echarle la culpa a otro. Por enésima vez, el elegido ha sido el gobierno de Estados Unidos, el cual, según los dotados cuentistas revolucionarios, dirige una conspiración sin precedentes, con el objetivo final de derrocar a Maduro y explotar despiadadamente nuestros recursos naturales.

El encantamiento que puede producir esa leyenda en los venezolanos es limitado. Por ende, ha de suponerse que el propósito es preparar el terreno para que, si Maduro termina saliendo de la presidencia, quienes hoy detentan el poder puedan argumentar que lo advirtieron y que el cambio es producto de la mano oculta del gobierno norteamericano.

Elementos para construir esa fábula sobran. En los últimos meses el gobierno estadounidense comenzó a tomar medidas más frontales con relación a Venezuela. En diciembre, su Congreso aprobó una ley que ordena a la administración Obama revocar visas y congelar fondos a funcionarios y personas involucradas en violaciones de los derechos humanos sucedidas desde febrero 2014. Hace algunos días, el gobierno estadounidense anunciaba también la revocación de visas a funcionarios involucrados en hechos de corrupción, haciendo extensiva la medida en algunos casos a sus familiares.

Estados Unidos también estudia medidas para ayudar a sortear la censura que existe en Venezuela y ha decidido proponerle una alternativa a las naciones caribeñas para, entre otras cosas, tratar de debilitar Petrocaribe y el apoyo regional del régimen. Finalmente, han recibido al menos a una persona que presuntamente posee pruebas concretas de que funcionarios, como Diosdado Cabello, están involucrados en el narcotráfico.

Teniendo en cuenta todo esto, Maduro, consciente de su debilidad actual, al mismo tiempo que los acusa a diestra y siniestra, busca tenderles una mano para mejorar las relaciones, pues aunque no le guste admitirlo, su continuidad depende también de Estados Unidos. La mejor prueba de la mentira que supone afirmar que el gobierno estadounidense está detrás de un golpe de Estado en Venezuela es que desde ese país continúan comprándonos diariamente petróleo, proporcionando así los dólares que garantizan la subsistencia del régimen.

En las condiciones actuales del mercado petrolero, en donde existe una sobreoferta de crudo, la decisión de Estados Unidos de suspender la compra de petróleo venezolano pondría al régimen seriamente en entredicho. Sin embargo, no lo han hecho. De la misma manera, el régimen, a pesar de sus acusaciones diarias contra Washington, no ha dejado de enviar una sola gota del petróleo a Estados Unidos, ya que, les guste o no, se trata de una de las pocas porciones de petróleo que se vende sin rebaja alguna.

Lo anterior revela el grado de dependencia del régimen ante Estados Unidos. Su gobierno efectivamente está tomando medidas que dejan entrever su deseo de que haya un cambio en Venezuela, pero la única alternativa del régimen es atacarlos con la mera retórica, desviando la atención de los graves problemas que ocurren en nuestro país. Pero está claro que la situación que sufre Venezuela es producto de la irresponsabilidad de su gobierno. De hecho, se pudiese decir que suficiente ha ayudado Estados Unidos a la estabilidad del régimen comprando petróleo todos estos años.

Por demás, cabe destacar que, hasta el momento, las sanciones impuestas por el gobierno de Estados Unidos no han violado el derecho internacional. Esto se debe a que las mismas solo tienen efecto extraterritorial, es decir, solo son efectivas en la medida en que las personas sancionadas quieran viajar a Estados Unidos o tener fondos en instituciones financieras de ese país. Este régimen, al que le encanta hablar de soberanía y ha prohibido la entrada a Venezuela a defensores de derechos humanos o artistas, conoce bien que cada Estado tiene la facultad de decidir qué extranjeros entran en su territorio y si estos pueden tener cuentas bancarias en el sistema financiero nacional.

Asimismo, bajo el derecho internacional, la simple emisión de críticas con respecto a lo que sucede en un país no representa una violación del principio de no intervención consagrado en la Carta de la ONU. Para ello, hace falta un acto de injerencia que sea realizado coercitivamente. Así lo ha establecido la Corte Internacional de Justicia desde 1949. Por ejemplo, actos como viajar a un país extranjero y arengar a sus militares para que se alcen en armas, episodio protagonizado por Nicolás Maduro en 2012.

La oposición, por su parte, se equivoca en su aproximación a las medidas tomadas por Estados Unidos. Debe exigirle al gobierno de ese país que publique inmediatamente todas las pruebas que posee sobre la vinculación de funcionarios actuales del régimen con violaciones de los derechos humanos, hechos de corrupción e incluso narcotráfico. Los venezolanos tenemos derecho de conocer el contenido de dichas averiguaciones porque la desinformación lo único que logra es fortalecer la eterna excusa del régimen y consolidar la impunidad.