• Caracas (Venezuela)

Marianella Salazar

Al instante

Sin vaselina

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Pocas veces se ha visto un caso como la colonización cubana en Venezuela. Una isla paupérrima, que desde tiempos de Fulgencio Batista es el burdel del Caribe –la prostitución se consolidó en la dictadura castrista como sector estratégico de su economía– y en menos de dos décadas, terminó controlando todo el poder político y económico en Venezuela. Ahora que Raúl Castro ha reconocido que su gobierno pasa por “tensiones” y “circunstancias adversas” provocadas, entre otros factores, por la grave crisis de Venezuela, que ha reducido en casi 40% los envíos de petróleo a la isla y por eso merma significativamente el negocio redondo de vender petróleo venezolano en el mercado mundial, como no llega completa la mesada de 100.000 barriles diarios y la revolución chavista-madurista está a punto de quiebre, los proxenetas cubanos tratan de salvar el botín y jugarse el todo por el todo para seguir con la ubre que los ha mantenido durante 17 años. Es tal la desesperación que están pensando en volver a las antiguas andanzas, cuando la búsqueda de divisas la hacían de la manera que fuera, como el tráfico de drogas, justificado como legítimo porque era una actividad contra el bloqueo impuesto por Estados Unidos. Así que no debe extrañar que en este mismo momento, para aliviar al pueblo cubano de un nuevo “período especial”, se esté fraguando un proceso de entrega  a la narcoguerrilla de las FARC de las zonas mineras de los estados Bolívar, Amazonas y Apure por el tráfico de drogas, con el visto bueno de Raúl, que sabe mucho de negocios porque es su especialidad.

De cuclillas

Militarizar toda la economía venezolana no es sino la fase final de la colonización cubana. El autogolpe se ha consumado con el nombramiento de un virrey militar que toma el control a través de un parapeto como la Gran Misión Abastecimiento Seguro, presidido por el general en jefe Vladimir Padrino López, cuya difundida imagen de cuclillas ante Fidel Castro –que no se puede borrar por ignominiosa– representa todo el poder cubano aplastando la soberanía nacional. Con el nombramiento del ministro de la Defensa en una especie de primer ministro que no figura en nuestra Constitución, los cubanos dejan claro que no permitirán que continúen feudos dentro del país sin subordinación al régimen de Castro. Mientras tanto, para efectos de la comunidad internacional, Nicolás Maduro seguirá servil dando la cara como presidente civil. La designación de Padrino como “hombre fuerte” significa, además, una baja para los poderosos hermanos Cabello, que acusan la pérdida del control de los bolipuertos y el manejo del Seniat-Simadi. También hay que destacar el flanco abierto por el general mayor Clíver Alcalá, exigiendo la realización del referendo revocatorio, una situación letal para el régimen, aunque cambio de tono una vez que asumió el mando absoluto el general Padrino, a quien reconoce como “la referencia ética más importante que tiene el gobierno”. Ante la inexorable debacle, queda ver lo qué hará el ala civil del chavismo, abrumadoramente corrupta y temerosa, encabezada por Aristóbulo Istúriz, un vicepresidente defenestrado, quien luego del sorpresivo autogolpe sin vaselina abordó el airbus presidencial para ir a un mitin en Margarita y ejercer así el simbolismo de un poder, cuando no se tiene.  Es con esta facción civil del chavismo con quienes unos pocos inescrupulosos carcamanes que hacen vida en la MUD se prestan a dar oxígeno al régimen, promoviendo un diálogo falso a cambio de un pacto de convivencia hasta 2019, pues la inevitable caída del régimen de los Castro en Venezuela les permitirá preparar proyectos políticos propios. ¡No volverán!