• Caracas (Venezuela)

Marianella Salazar

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Marianella Salazar

¡No hay tutía!

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El Presidente tiene razones para estar desesperado, sabe que el voto castigo esta vez sí funcionará. Teme que sea por avalancha y está echando el resto para que la diferencia sea mínima y poder maquillar fraudulentamente los resultados. Últimamente, nada le sale bien. La guerra sucia que intentó adueñarse de la escena fue contraproducente, victimizó al acusado, puso el ojo en la calaña de “empresarios boliburgueses” que surgieron bajo su protección y medraron una fortuna incalculable con los recursos del Estado, con controles y limitaciones éticas, inexistentes. Hasta “su nuevo mejor amigo”, el presidente Santos, que se había negado a reunirse con el candidato opositor venezolano, no tuvo más remedio que recibirlo, lo que mandó señales muy claras de que Capriles tiene grandes posibilidades de convertirse en el próximo presidente de Venezuela.

Capriles hoy es una emoción, logró entusiasmar y movilizar a los votantes que impedirán estafas electorales de cambiar la voluntad popular. La oposición está en su mejor momento para alcanzar el triunfo electoral. Para Chávez lo que está en juego no es sólo la salida del poder, es el fin de un proyecto internacional basado en las ideas del extremismo internacional y del terrorismo revolucionario, con planes estructurados para convertir a Latinoamérica y América del Sur en un polo de la izquierda internacional. Con la derrota, el andamiaje totalitarista chavista, soportado por la Asamblea Nacional y las demás instituciones, quedará mellado.

Chávez está muy preocupado por un futuro sin inmunidad presidencial para afrontar los juicios que le esperan en las cortes penales internacionales. La carta certificada en Costa Rica por el ex magistrado Aponte Aponte, en la que lo acusa de ser el autor intelectual de la condena a los comisarios y ex policías del 11 de abril, es un testimonio encausado para juzgarlo. También están en lista de espera los expedientes sustanciados por la justicia de Estados Unidos, en los cuales lo vinculan con el narcoterrorismo, y a sus “narcogenerales”, con el narcotráfico. El destino final de esos oficiales y de los civiles que integraban la amplia red de narcotráfico dirigida por Walid Makled –por ejemplo– será una cárcel en Estados Unidos o en La Haya. ¡No hay tutía! Son motivos de sobra para desesperarse.

De la justicia internacional no escapará el bandidaje revolucionario, y si están contando con la solidaridad y protección de Cuba, es mejor que se bajen de esa nube, los cubanos no romperán con el nuevo gobierno. Me adelantan desde La Habana que “si se quiere venir con su familia, toda con papeles de nacionalidad cubana, incluido el mismo Chávez, lo vamos a entregar si Interpol lo pide”.

Entrega o lo entregan

Chávez y el grupito de “narcogenerales” tienen planes para no entregar si los resultados son desfavorables. Se proponen activar las milicias y grupos radicales para provocar la guerra civil que ha venido anunciando. Según nuestras fuentes militares, eso será neutralizado en menos de cuatro horas, porque las milicias y los radicales no tienen suficiente preparación para una guerra urbana, que es por donde quieren comenzar. Los militares que participan en el Plan República no intervendrán en nada irregular ordenado por el oficialismo. 95% del Alto Mando Militar y la Fuerza Armada acatarán los resultados del CNE. Los generales buscan acuerdos para evitar enfrentamientos cuando se anuncien los resultados y tienen todo listo para enviar por lo menos 200 efectivos militares de distintas componentes para proteger al nuevo presidente electo. Después de enloquecer y caerle a patadas a lo que tenga cerca, Chávez terminará aceptando los resultados adversos.