• Caracas (Venezuela)

Marianella Salazar

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Marianella Salazar

Los “huelepega” nacionalistas

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El gobierno “presume” de ser uno de los países más antiamericanos del planeta y aprovecha las sanciones de Estados Unidos a unos funcionarios corruptos, a quienes les cancelaron sus visas y congelaron sus cuentas. Las sanciones acompañadas de la declaración de que Venezuela representa un peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos tienen relación con el sistema financiero de ese país, que persigue el dinero mal habido procedente del narcotráfico, la corrupción y de grupos terroristas. Sin embargo, el gobierno hace ver que nos han declarado la guerra, que los marines pueden desembarcar en cualquier momento en Machurucuto o en Mamo, y convoca a unos ejercicios militares para entrenarnos ante la inminente invasión. Algo inimaginable, si se analiza que las sanciones no son contra los venezolanos, ni siquiera contra el gobierno de Maduro, sino contra determinados funcionarios y militares chavistas.

Como era de esperarse, utilizaron el momento, con el índice de popularidad más bajo en la historia de la revolución bolivariana, para remontar la cuesta con miras a las elecciones legislativas y, convenientemente, silenciar los grandes escándalos de altos cargos del chavismo con dinero proveniente de Pdvsa, que evidencian el gran saqueo y una de las causas del empobrecimiento de los ciudadanos. Por eso, el gobierno agita las banderas del nacionalismo para su consumo inmediato.

El nacionalismo es como una droga, es como oler el pegamento de las ideas sociales y políticas. El nacionalismo maneja una gran falsedad, que es la idea de identidad de un pueblo, conceptos mágicos, palabras altisonantes y vacías. Lo malo del nacionalismo es que siempre lleva la mala intención, porque necesita de enemigos y zafarranchos para que el grupo sobreviva. El nacionalismo chavista es depredador, feo, sórdido, arcaico, sumamente ridículo y sobre todo excluyente. Se ha construido desde la demonización del otro, del imperio, de la derecha, de la oposición, a la que acusa de todos los males habidos y por haber. Al contrario de los norteamericanos, que ante todo se sienten miembros de una comunidad, la patria americana, lo que les hace dar un apoyo casi unánime a sus instituciones cuando se desata una gran crisis.

Está claro que un grupo enorme de venezolanos no apoyamos al gobierno en sus alucinaciones guerreras con Estados Unidos, es nuestro principal socio, nos compran el petróleo, son los únicos que pagan a precio de mercado y no nos chulean, como los cubanos y algunos gobiernos aliados que siguen succionando nuestros recursos. Además, siempre me ha irritado el antiamericanismo visceral, es un prejuicio estúpido que, como todo dogma, impide el entendimiento de la realidad.

Es cierto que Estados Unidos es el país más poderoso del mundo, y todo poder tiende a la prepotencia, pero hay cosas de esa sociedad que valoro mucho, como la libertad, el igualitarismo y la meritocracia, que es la antítesis de la mediocridad, el amiguismo y el nepotismo que caracterizan al gobierno “revolucionario”, que desprecia todo profesionalismo y auspicia la fuga de los talentos.

Si de verdad se diera la invasión militar de Estados Unidos, Maduro se vería acabado. Por eso alardea y amenaza, pero el primero que no la quiere es él.

 

Tic tac

1-. Con la recolección de firmas para exigir la derogación del decreto imperial, el gobierno hizo un sondeo de popularidad para las elecciones legislativas. Según nuestra fuente, lo que recogieron fueron 622.000 firmas en todo el país.

2-. El gobierno de Panamá no aceptará que lleven los “10 millones de firmas” a la cumbre y está dispuesto, como país anfitrión, a impedir cualquier show contra Obama.