• Caracas (Venezuela)

Marianella Salazar

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Marianella Salazar

La gran resaca

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Pasados diez días de las elecciones presidenciales, millones de personas que votamos por la candidatura que representaba la opción democrática nos encontramos con los ojos claros y sin vista, sin derecho a pataleo, sin posibilidad de exigir una auditoría y aceptar los hechos cumplidos, avalados antes, durante y después del acto electoral por la Mesa de la Unidad Democrática.

La MUD no hizo otra cosa que legitimar al CNE, nos explicaron de todas las formas que el fraude electrónico era imposible, que las captahuellas eran máquinas inofensivas, inútiles, que sólo eran disuasivas para efecto de los empleados públicos. Pero al parecer, esos funcionarios se traicionaron a sí mismos votando por lo que más temían o por lo que les inspiraba repugnancia, y en su laberinto interior eligieron sin respeto elemental a las reglas de la lógica.

La MUD nos garantizó la idoneidad, transparencia, efectividad del sistema automatizado, a pesar de que generaba tanta desconfianza en gran cantidad de electores. La MUD cumplió la tarea de hacernos creer ciegamente en todas las explicaciones que hacían quedar al ente comicial como impoluto. La MUD repitió el mismo discurso oficial y nos presentó “el mejor sistema del mundo”, a pesar de que en países desarrollados recurren a un sistema manual, y cuando hay trampa fácilmente se descubre con un simple reconteo de votos.

La MUD se mostró confiada en esas niñas de pecho de Tibisay Lucena, Sandra Oblitas, Tania D’Amelio y Socorro Hernández, vinculadas con el PSUV y fervientes seguidoras del comandante presidente. Sin embargo, fuimos a votar, alegres y entusiastas, ignorando que íbamos al matadero. Algo que se podía prever, ni siquiera era difícil.

Los voceros de la MUD afirmaban que el sistema electoral estaba blindado, que no había posibilidad de fraude ni de resultados abultados en la sala de totalizaciones, que es la verdadera caja negra del organismo electoral. Creímos en los argumentos de nuestra dirigencia, a pesar de que el CNE está en manos de unas talibanas que sólo responden a los dictados de Miraflores. Pero fue tanta y tan seguida la firmeza demostrada por la MUD para obtener nuestra confianza en el proceso, que me pregunto si ese mismo empeño lo hubieran puesto para exigirla limpieza del registro electoral, el fin de las migraciones silenciosas con las cuales privaron a muchos electores de su derecho al voto, el que no se conculcaran derechos constitucionales de los venezolanos en el exterior, que se vieron imposibilitados de votar; en fin, si hubiéramos exigido mejores condiciones, a lo mejor no estuviéramos en esta esquina lamentándonos y en este estado de desolación, desconcierto, incredulidad.

Las explicaciones sobre lo que pasó suenan como palmaditas de consuelo en la espalda, mucho menos convencen esos argumentos pueriles de que no hay derrotados, que ganó Venezuela y otros lugares comunes e infelices, como si estuviéramos en una democracia real.

Con un CNE parcializado, que permite el ventajismo y las marramucias del régimen, la oposición continuará en la acera de enfrente, a no ser que nos dispongamos a ejercer mayor control electoral. La dirigencia tiene que hablar claro antes de cada acto electoral, tenemos el derecho de saber a qué atenernos en venideras elecciones, empezando por las regionales del 16 de diciembre, para que no vengan con esos eufemismos de que las elecciones fueron sucias pero que no hubo trampa. Dejen de ser condescendientes con los delincuentes electorales y llamen las cosas por su nombre: fraude, ventajismo, manipulaciones, que siempre terminamos perdonando y aceptando de forma inexplicable.