• Caracas (Venezuela)

Marianella Salazar

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Marianella Salazar

La destitución negociada

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Maduro se ha ofrecido voluntariamente como rehén a los colectivos. Su decisión de ceder ante sus presiones y destituir al ministro de Relaciones Interiores, general Miguel Rodríguez Torres, lo coloca en una situación de mucha vulnerabilidad; no solo cede ante el chantaje de esos peligrosos grupos armados, que aunque son brazos paramilitares del gobierno para defender la revolución y amedrentar a la población, también pertenecen algunos a la delincuencia organizada y tienen, como nunca antes, vía libre para cometer todo tipo de delitos, actuando con mayor impunidad, saben que no habrá efectivos de ningún cuerpo de seguridad que se les enfrenten porque terminarán encarcelados, como les pasó a los  del Cicpc, que fueron detenidos por seguir instrucciones del ministro del Interior.

Sin embargo, la mayor debilidad de Maduro está en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, su actuación para dirimir un grave problema generado por los hechos acontecidos en el edificio Manfredi, sede del colectivo liderado por el difunto Odreman, demostró que como presidente de la República no tiene mando en la institución castrense ni controla los servicios de inteligencia, que lo han mantenido desinformado. Rodríguez Torres no le consultó; como militar activo pidió autorización a sus superiores.

Según nuestra fuente militar, cuando el colectivo tomó como rehenes a tres efectivos del Cicpc durante el allanamiento, Rodríguez Torres consultó las acciones para liberarlos con el general Padrino López, y este a su vez con el Alto Mando Militar. Según la fuente, Rodríguez Torres fue autorizado a “echarles plomo”. Sabían que entre las consecuencias por el ajusticiamiento podría estar su destitución. Era un escenario previsible. Sin embargo, el Alto Mando Militar aprovechó la remoción del general Rodríguez Torres (que siempre estuvo en la mira de los cubanos por ser ficha de Diosdado Cabello) para salir de una vez por todas de la ministra de la Defensa, Carmen Meléndez – alias la Cubana–, a quien repudiaron desde su designación en el despacho, no por ser mujer, sino por tener línea directa con Raúl Castro, que la impuso. Por eso, los militares que rechazan la subordinación al régimen castro-comunista, jamás la obedecieron.

Como había un interés de sacarla del Ministerio de la Defensa, negociaron  la destitución de Rodríguez Torres para mandarla al Ministerio de Interior y Justicia, de donde saldrá quemada, y, al mismo tiempo, sacar del juego a Freddy Bernal, candidato in péctore de Cilia y Maduro para Relaciones Interiores. Maduro tuvo que aceptar las condiciones para evitar que le estallara una crisis militar, sabe que hay un gran descontento que no se apaciguará con el aumento de 45% de los salarios militares.

En el seno de la FANB hay chavistas que quieren sacarlo y pedirle la renuncia, también hay sectores radicales que creen están dadas las condiciones para tomar el poder, no les importa una condena de la comunidad internacional, esgrimen que el gobierno está apoyando oficialmente a la delincuencia organizada representada en los colectivos, unos 6.000 en todo el país, que mantenerlos apertrechados con armas de última generación y provisiones cuesta unos 2.000 millones de dólares anuales –según la fuente– que se sacan de la partida secreta del Ministerio de Relaciones Interiores.

Además, está la incompetencia manifiesta del “heredero” y de su equipo gubernamental para resolver los grandes problemas económicos, agravados por la succión de nuestros recursos por los cubanos y por gobiernos ideológicamente afines. Lo que viene no es precisamente joropo sino enfrentamientos entre grupos de poder. Léase: colectivos vs FANB.