• Caracas (Venezuela)

Marianella Salazar

Al instante

Pranes arrinconados

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Nadie dijo que iba a ser fácil, que el régimen aceptaría su derrota

parlamentaria y dejaría que la mayoría ejerciera su facultad contralora sobre el

gobierno y toda la administración pública, como si fueran demócratas. Maduro

y su combo saben que las investigaciones que hará la nueva Asamblea

Nacional dará con los responsables de la debacle injustificable que sumió a

Venezuela en la miseria, que se destaparán las ollas de todas las corruptelas,

las relaciones con grupos terroristas y, por supuesto, las implicaciones directas

con el narcotráfico de funcionarios civiles y militares o de forma indirecta, a

través de familiares y terceros.

El Poder Legislativo tiene la atribución de declarar la responsabilidad política

de los funcionarios y solicitar al Poder Ciudadano –Art. 222 de la

Constitución– que intente las acciones para hacer efectivas las

responsabilidades y aplicar las sanciones a que haya lugar, por eso Maduro y

Cabello se muestran como pranes arrinconados capaces de cualquier cosa.

El régimen está desesperado porque dentro de seis meses se podrá activar un

referéndum revocatorio o cualquiera de las salidas constitucionales para

cambiar al gobierno inepto y corrupto de Nicolás Maduro. Están provocando

una crisis institucional, asestan un golpe a la Asamblea Nacional al

desconocer su autonomía y declararla en desacato a través de un cuestionable

Tribunal Supremo de Justicia que, en vez de magistrados tiene a malandros

dictando sentencias para que los pranes puedan salvar el pellejo.

Ningún tribunal, incluido el TSJ, tiene facultades para desconocer la

autonomía del Parlamento y la voluntad popular. El TSJ es un poder

designado, no electo, que desacata la voluntad del soberano y usurpa

potestades del CNE, que acreditó y proclamó a los cuatro diputados del estado

Amazonas, que ahora desconocen para que la oposición pierda la mayoría

calificada.

El gobierno juega al caos, a la ingobernabilidad, no se da cuenta de que ya no

le mete miedo a nadie; que mientras empapela el país con retratos del difunto

presidente y del Libertador chimbo, los ciudadanos esperan que resuelva la

descomunal crisis económica que atraviesa el país. La gente de a pie ya no

come cuentos, especialmente los que resuenan desde el más allá: “No importa

que andemos desnudos, no importa que no tengamos ni para comer, aquí se

trata de salvar la revolución”, pues a la gente sí le importa tener qué comer;

aquí la única revolución posible es el imperativo de cambio que avanza

inexorable, sin ideología comunista, con el eco mortecino de un “comandante

eterno”, reiterado hasta la saciedad, estampado en muros, franelas y pendones

propios de un parque temático que ha perdido su atracción.

El gobierno no contempló los daños colaterales para el imaginario colectivo al

dejar en un ministro de la Defensa, para nada confiable, el desagravio a las

imágenes desalojadas del Capitolio.

“Honor militar”

El ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, pasó de tener una postura

institucional el 6-D a una política partidista, repudiada por la mayoría de los

venezolanos y expresamente prohibida por la Constitución que juró cumplir.

Al general se le pasó la mano en su empeño de reivindicarse ante Nicolás

Maduro y le está pagando con creces el favor de haberlo dejado en su

gabinete.

Padrino López se presta a la farsa del desagravio por unos cuadros que

sacaron de la Asamblea, y escupe para arriba cuando denuncia ultraje al

“honor militar”, cuando no hay mayor deshonor que arrodillarse ante un tirano

como Fidel Castro, permitir la entrega del país y recibir instrucciones de los

cubanos, además de tener a hombres vinculados con el narcotráfico entre la

cúpula de la Fuerza Armada.