• Caracas (Venezuela)

Mariana Díaz Arroyo

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Seguridad humana, un desafío actual

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Cabe preguntarse en estos momentos, cuando están ocurriendo tantos inseguros sucesos en el mundo, hasta en los países más desarrollados donde la estabilidad y calma social son las características principales de su cotidianidad, qué es la seguridad humana.

Nuestra seguridad nos remite a estar resguardados, a salvo, a no ser víctimas de quien o quienes quieren ponernos en riesgo; pensamos en un momento en no ser atracados en la calle, asaltados en nuestros hogares, secuestrados o víctimas de algún acto terrorista, como suele estar pasando en los últimos días en varios lugares del mundo.

Sin embargo, seguridad humana significa mucho más que la ausencia de la amenaza delictiva, violenta o terrorista, lo cual ya, para aquellos que vivimos en sociedades de altos índices delictivos y violencia, creo que bastaría solo este indicador para explicarlo; pero, favorablemente, para la sociedad moderna incluye más que eso, es la seguridad contra la privación de la dignidad humana, la garantía de una calidad de vida aceptable, así como la garantía de todos los derechos humanos; persigue la seguridad en la vida cotidiana y en las preocupaciones de la gente común ante las amenazas de las enfermedades, del hambre, del desempleo, del delito, de la represión política, de las carencias medioambientales, sociales, políticas y culturales; en definitiva, es un término que persigue impulsar la no vulnerabilidad de la sociedad actual, tanto desde un visión interna como externa.

Como podemos ver, es un concepto flexible, no acabado, en constante retroalimentación, eso lo hace interesante y actual, su vigencia se evidencia a diario.

Surge, entre otras variables, con la difusión de los valores democráticos, el impacto de los medios de comunicación en las crisis humanitarias y en los asuntos de incidencia social, la influencia creciente de las ONG, los procesos de globalización, la vulnerabilidad de los Estados, entre otros.

Es así como desde hace varias décadas la seguridad comenzó a tratarse también de una forma más holística desde algunos posicionamientos. Se evidenció que la seguridad de los ciudadanos no depende estricta y exclusivamente del mantenimiento de la seguridad del Estado. Que un Estado sea seguro no significa que su pueblo esté seguro. La multitud de amenazas y de graves tendencias globales que han aparecido o han aumentado en los últimos tiempos han puesto de manifiesto que la seguridad tiene un carácter multidimensional.

La seguridad humana pretende proveer de una agenda que permita identificar y generar voluntad política y recursos para aquellos temas que, nacional e internacionalmente, sean considerados como riesgosos y críticos socialmente.

Cabe preguntarse, entonces, si dentro de todo este marco de referencia y en el contexto de los últimos 15 años en el que está vigente y es debatido el concepto de seguridad humana en organismos internacionales, como la ONU, la OEA, el PNUD, nuestros gobiernos latinoamericanos tienen no solo claridad en su contenido y alcance, sino, lo más importante, cómo lograr que quienes forman parte de las estructuras gubernamentales de nuestras descuidadas naciones latinoamericanas, así como otros actores que hoy en día forman parte del complejo sistema internacional, trasnacional y comunicacional donde comparten protagonismo con los Estados, asuman el reto que conlleva este planteamiento de la seguridad humana para el desarrollo de nuestras sociedades.