• Caracas (Venezuela)

Mariana Díaz Arroyo

Al instante

Oda a la empatía

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El deporte y el ejercicio se han vuelto cada vez más recursos de distracción y unión para los caraqueños.

Además de los beneficios bien conocidos, el aumento significativo en los últimos años de personas ejercitando en diferentes lugares: plazas, parques, calles,  denota no sólo una marcada inclinación a la actividad física como un recurso que nos ayuda a mantenernos en forma;  también  ha pasado a complementar esta función  otras dos esencialmente importantes, sobre todo en estos tiempos.

Por una parte,  ejercitarse  se ha convertido en un mecanismo de catarsis y de distracción frente a los innumerables problemas que nos están tocando vivir;   por otra parte ha pasado a ser  un recurso para el encuentro y  el compartir.

El municipio donde resido se ha convertido en una muestra de ello. Casi a diario vemos ciudadanos realizando ciertas actividades físicas; algunas son propiciadas por las autoridades municipales, otras han sido el resultado  de personas con inclinación e iniciativa  a realizar un tipo de ejercicio que con los días  se les fueron sumando gente.

Es un fenómeno interesante observar cómo los espacios públicos a ciertas horas y ciertos días se llenan de gente; la mayoría llena de ánimo, contenta, compartiendo con  otros esos momentos de esparcimiento.

Unos días son los grupos del yoga y los que corren,  otros los que hacen bicicleta, los que realizan zumba, los de la tercera edad, los que van al Parque del Este, a la Cota Mil, al Ávila. Aparte por supuesto de los que van a un gimnasio o realizan una disciplina en algún local o espacio dedicado para tal fin.

Los espacios públicos y estas actividades  se han convertido en aliados para el caraqueño frente a la realidad agobiante que como venezolanos nos está tocando vivir.

Lo que resulta interesante de este fenómeno es cómo la necesidad  de distraerse no sólo dio paso a que el ciudadano común buscara una solución efectiva al realizar un ejercicio y deporte  sino además que esto se ha convertido en espacios de convergencia y empatía entre los ciudadanos.

Esos espacios y esos momentos nos amalgama, nos unen; allí no importa quién es quién y por un momento se olvida el desasosiego que nos está embargando. La gente se relaciona, conversa, se ríe, hace amigos, se hacen grupos por las redes, se pasan fotos, en fin, sociabiliza.

Me atrevería a afirmar que la gente de mi ciudad  ha encontrado  un mecanismo de manifestación del ejercicio libre de su ciudadanía; el ejercicio y el deporte se han convertido en formas legítimas y auténticas  de distraerse en los espacios públicos que la ciudad le ofrece,  donde el  participar depende sólo de la libre decisión de cada quien.

Ojala este fenómeno haya llegado para quedarse.  Aunado a la esperanza  que  la empatía y unión que surgen en estos espacios  se traduzca en otras esferas de nuestro desenvolvimiento cívico.