• Caracas (Venezuela)

Mariana Díaz Arroyo

Al instante

Crónica de una juventud

¿Qué me ofrece mi país?Por un momento trato de pensar en la respuesta que mis hijos, sobrinos y jóvenes que conozco se pudieran dar frente a esta pregunta.Soy madre de dos adolescentes y tengo sobrinos contemporáneos; todos viven en el país.Soy profesora y mis estudiantes están entre los 18 y 23 años, residentes de sectores populares de Caracas.Todos estos jóvenes tienen algo en común, forman parte de un grupo selecto cuya particularidad estriba en haber logrado terminar o estar a punto de graduarse de bachilleres, en un país donde solo 3 de cada 10 niños que entran al sistema educativo logran culminar la educación media. Esta cifra me permito tomarla de un interesante análisis de la situación actual del país realizado por el profesor Ángel Oropeza, con motivo de una jornada organizada por Fipan para las organizaciones de desarrollo social.El profesor Oropeza también señaló que 73% de la población venezolana se encuentra en niveles de pobreza, de la cual 50% está en pobreza extrema.Por otra parte, 1 de cada 2 venezolanos vive arrimado, hacinado o en un rancho.Adicional a esto, otras cifras de Datos IIES UCAB 2014 reflejan que 50% de los jóvenes deja de estudiar a los 17 años; 22% de los jóvenes interrumpe sus estudios por razones económicas, 25% por razones familiares (embarazo, cuidado de hijos, de hogar) y 28% piensa que ya terminó sus estudios, sin importarle la educación universitaria.Es difícil pensar qué les puede ofrecer Venezuela en los actuales momentos a los jóvenes frente a este escenario tan desalentador en materia de logros educativos y de pobreza.No es un asunto nuevo la necesidad de generar políticas públicas destinadas a mejorar la permanencia de nuestros niños y jóvenes dentro del sistema educativo. Desde hace casi dos décadas, cuando trabajaba en la Fundación Atenea, vengo manejando cifras de deserción escolar importantes, pero nunca tan alarmantes como en la actualidad.El problema es multifactorial, siempre lo ha sido. La mayoría de nuestros jóvenes no tienen oportunidades de progreso estables porque no terminan de formarse, y no terminan de formarse porque desde temprana edad buscan un empleo informal para ayudar a sus familias o para poder mantenerse.En un país donde en un alto índice de casos  la mujer es la cabeza del hogar, donde no hay una figura paterna responsable, los hijos buscan su camino a muy temprana edad. Sin embargo, eso en casi ningún caso quiere decir que se van de la casa, por el contrario, se quedan con sus propias familias que comienzan.Pareciera que el destino de los jóvenes de los sectores populares es, en el caso de las niñas, llegar a la pubertad y embarazarse a ver si así logran que alguien las mantenga; en el caso de los varones, a la edad en que ya pueden conseguir algo de dinero, asumir cualquier trabajo que les permita tener algún ingreso. Pocos están interesados en estudiar; a la mayoría hay cosas que les interesa más o, tristemente, no ven en los estudios la oportunidad de progresar.Tratando se hacer una radiografía de la situación de estos jóvenes pertenecientes a sectores vulnerables socialmente, todo parece indicar que en el corto plazo la situación no va a mejorar para ellos, muy probablemente empeore.¿Cuál es el destino de un joven de un sector popular bajo este escenario?¿Cuál es el destino del joven, de cualquier estrato social, que logra estudiar y sacar una carrera profesional bajo este escenario?El escenario es desalentador desde donde uno lo vea. Los que viven y padecen la pobreza porque desde que ese niño entra en la escuela está prácticamente destinado a salir antes de culminar la educación media.Desde los que logran graduarse y continuar sus estudios el panorama no es más alentador; estos jóvenes entran en la desesperación de no encontrar reales oportunidades de progreso a pesar de sus estudios; la realidad es un aparato productivo destruido y desarticulado, donde parece que solo los bachaqueros progresan. La realidad es que  la sociedad venezolana solo tiene desesperanza para ofrecer a nuestros jóvenes.Dejo de lado en este análisis, pero no por menos importante, el problema de la delincuencia y de las drogas, flagelos que están afectando de manera determinante a nuestra juventud.Cómo quisiera pensar que en pocos años esta tendencia puede y va a revertirse. Son los jóvenes el futuro próximo de este país.

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