• Caracas (Venezuela)

Mariana Díaz Arroyo

Al instante

Color de esperanza

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Ese lunes 7 algo cambió.

Mi hijo de 15 años, observador, detallista y crítico de cuanto asunto le despierta curiosidad, lleva los problemas nacionales desde muy pequeño con sumo interés. Ese día salimos en la mañana y circulando por la calle íbamos viendo el Ávila de frente, el cielo despejado, poca gente caminando y de repente comentó: “Hoy se ve todo diferente mamá, parece que los colores hubieran cambiado, todo se ve más bonito, ¿verdad?”.

Sentí como si me hubiera leído el pensamiento, hacía fracciones de segundos aquellas palabras acababan de pasar por mi mente. Ese día las cosas tenían un color diferente, más vivo y  nítido; me atrevería a afirmar que, como la canción de Diego Torres, tenían un color de esperanza.

Yo no había querido expresar en aquel instante lo que mi hijo expresó, por aquello de no dejarme llevar por simples emociones subjetivas que pueden alterar la manera de ver la realidad en un momento dado.

Me pregunto: ¿estábamos siendo objetivos ese día  mi hijo y yo frente a la percepción que teníamos de lo que veíamos y como lo veíamos?, ¿amanecieron diferentes ese día los colores de las cosas; estaba todo más bonito?, o ¿éramos víctimas de nuestra subjetividad y estábamos proyectando nuestra esperanza a los colores del día? Supongo que el raciocinio y el sentido común se inclinan a lo último.

Fuera de una manera u otra, lo cierto es que ese día comenzó legalmente el desmoronamiento de una “revolución” y el comienzo de una nueva etapa. Un escenario nada fácil, por el contrario, complejo y, como diría un montañista, muy escarpado. 

Sin embargo, se abrió una esperanza.

No una esperanza vacía de sentido, ni una esperanza solo para unos cuantos.

Se plantea el inmenso reto para estos nuevos legisladores de conferir mayor legalidad a nuestra nación, entendiéndose como la prevalencia de la ley sobre cualquier actividad o función del poder público.

Tenemos la mesa puesta, alguien podrá quitar sillas y puestos, pero el pueblo dio un mandato, esta vez le confirió el poder legítimo legislativo a una visión diferente de país; utilizarlo sabiamente es el reto. La unión y la paz del país, el objetivo.

Más que temer a las dificultades, la estrategia es prepararse frente a ellas, a las imaginables e inimaginables. Sabemos, tras 17 años, que en este país todo es posible.

Tenemos un inmenso reto todos los venezolanos que soñamos con una mejor Venezuela, no perdamos de vista el objetivo.

Estas elecciones parlamentarias tienen que ser vistas como lo que son y lo que  deben ser, la posibilidad de una ganancia de legalidad para la nación.