• Caracas (Venezuela)

Mariana Díaz Arroyo

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Anormalidad

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Una familia que vive situaciones conflictivas con  regularidad, independientemente del origen de los problemas, pierde la visión de lo que es una familia que funciona con armonía.

Lo anormal se vuelve rutina y la rutina normaliza los contextos de nuestra realidad.

Así nos está ocurriendo a los venezolanos.

La mayoría de los venezolanos en los últimos meses se ha dado cuenta de cómo su realidad ha cambiado. Pero esta percepción es una novedad, surge recientemente cuando la crisis se agudiza y nos desborda.

La anormalidad de nuestra realidad no había sido asumida por el venezolano común con anterioridad, es un efecto de eso que llaman madurismo.

Es claro que son muchos los elementos que han intervenido para que esto haya sido así.

Somos un pueblo que se maneja con facilidad, un pueblo que se acostumbró a una forma de subsistencia fácil, elemento que siempre ha sido la herramienta mejor conocida de nuestros gobernantes y no solo de aquellos que aún perduran en el poder después de 17 años.

Nuestro pueblo es como un niño, los niños se acostumbran a sus realidades.

El pueblo venezolano se acostumbró y normalizó  las migajas de un Estado paternalista, que nunca les exigió nada a sus ciudadanos.

Creo que todos sabemos qué ocurre con un hijo al que le damos cosas, baratijas en este caso, pero nunca le exigimos.

Los gobernantes acostumbraron al venezolano a estar feliz con poco, por lo menos eso demostraban los estudios de bienestar mundial en los que los datos de nuestro país siempre indicaban un pueblo contento con su realidad. Y como si fuera irrisorio lo bizarro de la situación, hasta hace poco Venezuela estaba entre los países en que su gente se sentía más feliz, aun en una realidad anormal.

Ciertamente eso está cambiando.

Los actuales miembros del gobierno ya no solo no dan ni migajas de pan al pueblo porque ya no hay en país ni pan, sino que además se comportan como padres maltratadores, que están violando la dignidad de nuestra gente.

Cuando el que detenta el poder abusa de él no solo para llenar sus bolsillos, sino además porque agrede a todo un país teniéndolo en la miseria y la destrucción, es hora de decir basta.

Cuando unos padres maltratan a sus hijos llegará el momento en que esos hijos huirán o se rebelarán al poder de esos padres.

Nuestra gente desde hace más de un década que empezó a emigrar de manera masiva, pero los que quedamos tenemos que darnos cuenta de que esta anormalidad no puede continuar.

Hay un país dividido políticamente y partidos que, de forma lamentable, no representan la opinión de la mayoría en cuanto a sus propuestas partidistas.

Hablo de partidos porque no hay forma de vivir en democracia sino con partidos, son las organizaciones creadas para fomentar la participación ciudadana y son los únicos legítimos para participar en las contiendas electorales. No hay otra forma de participar en el sistema democrático electoral que no sea a través de los partidos.

Los partidos han perdido la confianza de un pueblo y eso no es un fenómeno reciente, tiene décadas.

Sirvieron como anclaje para estabilizar la democracia venezolana en un momento histórico, pero de eso hace más de medio siglo.

Los actuales partidos y sus miembros no han logrado adecuarse y responder con responsabilidad y madurez política frente al momento histórico. Eso es lo que necesitamos los venezolanos: partidos serios  con líderes que realmente interpreten el sentir del pueblo con responsabilidad política, moral e histórica.

No podemos seguir viviendo en esta anormalidad en que este gobierno ha convertido a Venezuela.