• Caracas (Venezuela)

Mariahé Pabón

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Michel Hausmann, la fascinación por las diásporas

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A los seis años, ya conocía su destino. Sus juguetes no eran los normales que se obsequiaban  a los niños de su edad , sino los instrumentos con los cuales podía fabricar escenarios a pequeña escala y vestimentas destinadas a montar monólogos  inspirados en las historias que le contaba su abuela , siempre relacionadas con la turbulenta vida de sus antepasados ,el horror del holocausto y entre ellos las razones de las diásporas, su llegada a Venezuela  y algunas de las leyendas que aún perviven entre las comunidades judías, como es la del Golem, un personaje místico que permanece dormido pero puede aparecer como salvador, en situaciones de peligro.

A sus siete años, Michel pidió a su mamá que lo ingresara en clases de teatro y comenzó en Hebraica Club. Luego ingresó al Colegio Montessori y posteriormente a Nueva York, en donde se encontró con su amigo de siempre Salomón  Lerner, presente en la entrevista: trabajamos 10 años en Caracas y 10 en Nueva  York. Querríamos regresar a Venezuela, un país de diásporas, pero la experiencia vivida fue ingrata. Para nosotros la vida no es nada fácil como emigrantes, pero si seguimos unidos, si queremos volver  a nuestro país, podremos aprovechar las experiencias, para que sean positivas. Extraño a Venezuela y a mi público. Es mi gran público.

—¿Cómo se reparten el trabajo?

—Yo escribo, Moisés Kaufman dirige y Salomón Lerner hace música. Moisés ha sido mi mentor, un gran visionario Estudié en Caracas con Salomón, desde que íbamos a la primaria y nos separamos en Montessori. Nos fuimos a Nueva York, cada uno por su cuenta  y ahí de nuevo nos encontramos, trabajamos en Caracas 10 años y tuvimos éxito. Quisiéramos volver a Venezuela, pero tuvimos que salir de allí. Fuimos atacados con bombas y pancartas hacia la comunidad judía, solo porque hacíamos teatro musical. Una puesta en escena de  la obra Fiddler on the roof sufrió a último momento la deserción de la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho, debido a que, según su vocero, “nosotros recibimos un subsidio del Estado y debido a la situación actual preferimos retirarnos de una obra de contenido judío”. Esa fue la repuesta de los músicos para no continuar trabajando en la obra.

—¿Cómo nació el musical en Venezuela?

—En Venezuela, desde Vimazululeka, no existía el teatro musical como tal y nosotros empezamos a impulsarlo y se creó una nueva ola, con buena repuesta del público. Con Palo de agua  vimos que se sigue haciendo teatro, que la gente sigue yendo al teatro y eso es bonito. Estamos demasiado  metidos en esto durante muchos años. Vamos a montar El Golem de La Habana, con New Drama Miami, en español. La idea  es la de ir montando historias multiculturales y diversas como esta, en una ciudad que tiene  tantos grupos multiculturales.

—¿Por qué Miami?

—En Miami todo se puede cambiar, porque es la ciudad de muchas diásporas. Si uno quiere quedarse encerrado en un determinado círculo, la vida se hace pequeña. Si quieres explorar otras comunidades, todo se puede convertir en algo infinitamente más emocionante. Yo creo que todo depende  de uno, porque Miami no es como otras ciudades de Estados Unidos que ya están organizadas, tienen su mundo. En Miami es grande el fenómeno de la multiculturalidad, en donde podremos  crear historias diversas como la del Golem. La idea es la de hacer teatro musical que entusiasme a estas audiencias en un terreno aún virgen en el cual hay mucho por hacer.

—¿ De qué habla The Golem of Havana?

—Trata de una familia de inmigrantes judíos de Hungría, los Finkel, que viven en Cuba, todavía en La Habana vieja, y que no habían logrado mejorar su situación económica para mudarse a un vecindario de clase media como Miramar: los mundos que se unen son esos dos, pero la misma cultura de Cuba es en sí unión de varios mundos, como la cultura española y la cultura africana, y eso está muy reflejado en nuestra historia, en nuestra música y hasta en la instrumentación de la banda donde tenemos instrumentos tan distantes como un clarinete y unos tambores bata, uno al lado del otro. Salomón Lerner creó en la música un extraordinario reflejo de la mezcla de culturas que está en la historia. Además, en el grupo familiar, aparece un guerrillero perseguido por la dictadura de Batista que genera un dilema: protegerlo de la represión o resguardar su oportunidad hacia la prosperidad.

Hausmann no descarta la posibilidad de presentar su musical en Venezuela. Sería un proyecto a mediano plazo, de un año y medio a dos, pues implicaría un trabajo de traducción de la obra. De hacerlo pronto, preferiría que la pieza estuviera enmarcada dentro de algún festival y montarla tal cual como está en este momento y si fuera una producción independiente disfrutaría tener en los roles protagónicos a actores como Armando Cabrera y Luigi Sciamanna.

Al final de la entrevista, Michel Hausmann, recuerda con cariño a quien de cierta manera fue su padre, su maestro, su testigo de boda, Isaac Chocrón: me trató siempre como se trata a un hijo. El tercer acto de su vida, fue muy complicado y ahora, para recordarlo, formo parte de la Fundación que lleva su nombre y de la que se ocupa en Venezuela Javier Vidal.

 

La obra

The Golem of Havana, cuya metáfora sobre las personas que llegan a salvar a otros  en momentos de crisis, agradó al público desde su estreno y posiblemente se abran nuevas fechas de presentaciones en otros teatros de New York. Cautivó en el New York Theatre Workshop con entradas agotadas en New York y Massachusetts. Fue finalista del premio Richard Rodgers en la categoría de nuevo teatro musical y nominada al galardón Independent Rewiews of New England como mejor obra. The Examiner la catalogó “ambiciosa y dramáticamente atrevida” mientras que el The  Boston Globe la elogió por “su determinación de crear una nueva historia y contarla con gusto”. El cuento del Golem es que el salvador está hecho para pelear y hay que ponerlo a dormir. Nadie sabe, por ahora, si es necesario despertarlo.

Lo que sí se sabe es que estos tres venezolanos han triunfado plenamente en Miami trabajan con entusiasmo en el sueño de convertir a La Florida en un apéndice del Nueva York teatral, eterno y fascinante. Y ya demostraron que cuentan con armas para enamorar a esas diásporas que tanto le gustan a Michel.