• Caracas (Venezuela)

María Yanes

Al instante

La verdadera realidad del hospital Algodonal

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El hospital José Ignacio Baldó, mejor conocido como El Algodonal, tiene una gran importancia histórica en nuestro país, no solamente por ser uno de los centros hospitalarios más antiguos de Caracas sino por ser emblemático en la lucha contra la tuberculosis desde los primeros años de su fundación. Desde hace años y en la actualidad es conocido como Complejo Hospitalario José Ignacio Baldó ya que está constituido por tres establecimientos internamente: el Hospital General Simón Bolívar, el Pediátrico Luisa Cáceres de Arismendi y la Maternidad Dr. Andrés Herrera Vegas. Sumados a dichos establecimientos cuenta también con el Ambulatorio César Rodríguez y la División de Enfermedades Crónicas. Destaco la gran importancia del Algodonal, ya que fue decretada su construcción en 1933 e inaugurado el 17 de diciembre de 1939; comienza a funcionar como sanatorio popular antituberculoso Simón Bolívar que abrió sus puertas el 2 de mayo de 1940. Su primer director fue el doctor José Ignacio Baldó, insigne médico venezolano, neumonólogo y sanitarista, pionero de la lucha antituberculosa en Venezuela, quien permaneció al frente de la dirección de este hospital hasta los últimos años de su vida. Allí se establecieron las primeras reuniones anatómicas, se realizó el primer cateterismo cardíaco en Venezuela en 1949, fue pionero de las cirugías en el país en el año 1952 y en la introducción de las nuevas técnicas de anestesia en 1954. ¡Qué gran legado e importancia tiene el Algodonal para nuestro país! Pero hoy la realidad es otra: esta institución se ha sumado a la gran decadencia de los hospitales públicos de Venezuela. En la actualidad tenemos un complejo hospitalario muy lejano a lo que representó en la historia de la medicina de Venezuela como uno de los centros más emblemáticos y de referencia nacional para el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades pulmonares, especialmente la tuberculosis cuya incidencia en el país ha aumentado dramáticamente. Hoy día nos encontramos con esta triste y trágica  situación: vía única de acceso al hospital en total deterioro así como la vialidad interna del complejo; falta de iluminación; déficit de material médico quirúrgico y equipos médicos; de 4 quirófanos en el hospital Simón Bolívar solo funcionan dos; el tomógrafo y mamógrafo no funcionan desde hace aproximadamente 7 a 8 años; la unidad de rayos X portátil obsoleta; en la Maternidad Andrés Herrera Vegas no se están recibiendo pacientes por falta de anestesiólogos y por las condiciones precarias de la infraestructura por lo que tienen que ser referidas a otros centros asistenciales; se remodeló el pediátrico pero la unidad de terapia intensiva se entregó sin funcionar a falta del sistema de aire comprimido, esta situación se mantiene hasta los actuales momentos. Por supuesto, añado a todo esto el déficit importante de recursos humanos especializados. Quiero destacar el servicio de nefrología, el cual fue remodelado y dotado con 8 máquinas de última generación y planta de osmosis, fundamental para el tratamiento del agua y así poder aplicar la hemodiálisis a los pacientes. Actualmente no se le da mantenimiento preventivo a las máquinas, algunas ya se encuentran inoperativas, como el caso de la planta de osmosis desde el año pasado.

Esto contrasta con las declaraciones emitidas el pasado 13 de mayo por el ciudadano director del hospital, que afirmaba: “Equipos del Algodonal están en buen estado”, además de que el mantenimiento de los mismos “se realiza cada trimestre”. ¿Por qué ocultar la verdad? Siendo un centro de referencia nacional para el diagnóstico y tratamiento de enfermedades respiratorias carece de un laboratorio de bacteriología para procesar las muestras de esputo, área en la cual recibe apoyo de la coordinación nacional de tuberculosis siempre y cuando esta disponga de los insumos o materiales para hacer este tipo de examen. Y así, resulta imposible agregar otras muchas deficiencias por razones de espacio. Me encuentro muy ligada a este centro hospitalario pues trabaje más de 25 años en el mismo y cumplí mi ciclo de trabajo activo hasta diciembre de 2014, pero mantengo una relación constante con mis compañeros trabajadores de esa institución los cuales siguen manteniendo una mística de trabajo extraordinaria, condición indispensable para defender a nuestro querido Algodonal. Pero la impotencia y tristeza de ver como el hospital más importante en la lucha contra la tuberculosis y con los antecedentes históricos tan extraordinarios que resalté al principio de este artículo, simplemente se está perdiendo.

Al ciudadano ministro de Salud: los trabajadores activos del hospital Algodonal le solicitan que visite este centro así como muchos otros, simplemente se dará cuenta de manera directa y personal lo que gritan a diario pacientes y trabajadores: ¡Salvemos también al José Ignacio Baldó!