• Caracas (Venezuela)

María Yanes

Al instante

El médico venezolano en un laberinto

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El 10 de marzo se celebra una vez más el Día del Médico en nuestro país. Una conmemoración en la que todos los médicos venezolanos honramos y enaltecemos la memoria de nuestro insigne e ilustre Dr. José María Vargas, considerado el padre de la medicina en Venezuela. No obstante, cada año que pasa y llega esta fecha tan emblemática para el gremio, el médico venezolano tiene menos incentivo y estímulo para celebrarlo. La crisis de salud que agobia a toda la población, la más grave y dramática en la historia contemporánea de nuestro país, ha colocado tristemente a los profesionales de la medicina en un laberinto. Hago esta aseveración porque estamos sumergidos en un “sistema de salud” constituido por calles y encrucijadas cuyo tránsito nos confunde cada vez más  y dificulta hallar una salida. Pero este laberinto fue construido por un gobierno que ha demostrado la más grande ineficiencia en el desempeño gerencial de la salud. Tanto es así, que el Ministerio del Poder Popular para la Salud es actualmente una institución arruinada y dispersa por la que han pasado un total de 14 ministros durante esta administración, 5 en los últimos 3 años, médicos y militares que no han tenido la capacidad de administrar los cuantiosos recursos aprobados para el fortalecimiento de muchos proyectos de salud que han terminado en el fracaso y no funcionan en la actualidad. Más bien, dichos recursos se han dilapidado porque no sabemos adónde han ido a parar todas las asignaciones y los capitales financieros aprobados para garantizar el derecho a la salud a todos los venezolanos.

¿Cuál es la realidad del médico en “la Venezuela socialista” del siglo XXI? La que vivimos actualmente en los centros públicos de salud y que ha alcanzado a los privados también: la falta de herramientas e insumos para complementar un adecuado diagnóstico clínico, que de paso es lo primero que se impone, la historia clínica, de la cual nos debemos aferrar aún más en este tiempo de crisis, porque en las escuelas de Medicina tradicionales y reconocidas es lo primero que nos enseñan los extraordinarios profesionales y maestros de la docencia médica. Sin embargo, carecemos de complementos como pruebas de laboratorio clínico, en ocasiones las más esenciales, así como de equipos de soporte de imágenes y de vida, escasez de materiales e insumos para la atención de los pacientes. Los pocos materiales disponibles son de mala calidad, obtenidos por convenios inescrupulosos que facilitan materiales de consumo masivo sin importar su eficacia. No obstante, después de tener un diagnóstico pasamos a indicar el tratamiento y lo dramático es que cuando tienes al paciente enfrente hay que prescribirle un mínimo de cinco a seis medicamentos para una misma patología, y a la vez decirle: “Ojalá pueda conseguir alguno”.

La situación laboral actual del médico en el sector público es denigrante. El presidente Maduro decretó en el año 2015 un aumento salarial de 143% dividido en 3 partes, sobre un sueldo pírrico de apenas 8.000 bolívares. Actualmente con ese aumento el sueldo básico más alto es de 25.000 bolívares que corresponde al escalafón superior con 8 horas de contratación, lo cual representa 18 % del costo de la canasta básica familiar. Con este decreto el médico residente llegó a un sueldo básico de 13.000 bolívares. Además, es humillante el beneficio que recibe el medico jubilado al rebajarlo al sueldo básico más bajo al momento de su retiro. Aumentos realizados con base en decretos y no por contratación colectiva, como debe ser. Sume a esto la inseguridad en los centros de salud, colegas que han sido víctimas de la violencia y agresividad desbordada. Por todo esto Venezuela se ha convertido en un país exportador de médicos, se manejan cifras aproximadas de 17.000 que han migrado en busca de mejores oportunidades.

El norte de los médicos venezolanos y de todo el sector salud seguirá siendo el paciente, todos sin excepción debemos rescatar el derecho a la salud y la vida que el Estado venezolano violenta en forma reiterada y continua debido a la más grave crisis humanitaria de salud de la cual es el único responsable, pero el pueblo venezolano debe sumarse a esta lucha, pues es el que más sufre.

¿Qué dirían ante tanta desidia, Vargas, Razetti, Baldó, Gabaldón y muchos otros médicos ilustres que nos precedieron y que nos dejaron un gran legado sobre el valor de la medicina venezolana? Quizás los profesionales de la medicina, nuestros jóvenes estudiantes o las próximas generaciones de médicos que merecen un futuro mejor, y toda la sociedad venezolana compartirán la idea de que la única salida a este laberinto es el cambio de un modelo político y económico que ha fracasado rotundamente y es el gran culpable de la peor crisis que hemos conocido todos los venezolanos.