• Caracas (Venezuela)

María Amparo Grau

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María Amparo Grau

El matrimonio es cosa seria

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De acuerdo con el artículo 46 del Código Civil, la edad legal para contraer matrimonio es, para la mujer: 14 años, en tanto que para el hombre: 16. La Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia ha considerado que esta diferencia de edades en relación con el sexo es discriminatoria y, por ende, ha procedido a declarar la nulidad de la norma, y a equiparar la edad para ambos sexos en 16 años. Es decir, que de ahora en adelante la edad legal para casarse es 16 años, tanto para hombres como para mujeres.

El análisis de la sala es muy interesante porque encuentra que la diferencia de la norma respondía a una consideración meramente biológica, como es la de la madurez sexual, y la finalidad de la misma se basaba en el concepto de la procreación. Por ello se establecía la edad de 14 años para la mujer, desde que el legislador habría estimado que a esa edad esta era apta para concebir.

La sala considera que hoy el matrimonio es para la mujer algo más que la mera procreación. El matrimonio es cosa seria y la responsabilidad que ello implica no puede estar vinculada exclusivamente a la maduración sexual de los contrayentes.

La prohibición de discriminar se encuentra prevista en el artículo 21 constitucional, el cual impone un tratamiento igualitario de todas las personas, sin distinciones. De este trato igualitario deriva el tribunal una unificación de los derechos y deberes matrimoniales, lo cual, señala, debe regir para los requisitos para contraer matrimonio.

Asimismo, indica que el derecho a la igualdad se quebrantaría en caso de dar un trato igual a relaciones desiguales y concluye que una lectura desprevenida del artículo 46 puede dar lugar a defender su constitucionalidad. No se trata, sin embargo, de estar o no prevenido en la lectura de la norma, es un tema que en efecto da lugar a la discusión jurídica. ¿Hasta qué punto son iguales en el desarrollo sexual hombres y mujeres? ¿Hasta qué punto es válido considerar el tema del desarrollo sexual como un requisito para autorizar el matrimonio? No creo que desprevenida haya sido la lectura que dio la Procuraduría General de la República en su escrito en el caso en el cual, a diferencia de la accionante, la Defensoría del Pueblo, del Ministerio Público y de la propia Asamblea Nacional, defiende la constitucionalidad de la norma. En este sentido, la Procuraduría cita la doctrina médica y de salud conforme a la cual el proceso de pubertad empieza en el sexo femenino entre los 8 y 14 años y en el masculino entre los 10 y 16 años.

Y habiendo, en efecto, una desigualdad en el tema, entonces el trato igualitario es el que sería discriminatorio, porque como ha dicho la sala la igualdad se quebranta si en relaciones desiguales se da un trato igual.

El tema apunta más bien a que dicho precepto regula en efecto, como lo dice la sentencia, el matrimonio precoz, es decir, lo limita, estableciendo una edad mínima para la capacidad matrimonial y en el hecho de que la sala considera que el criterio de la norma no se adapta a las circunstancias actuales, pues estima una rémora del pasado concebir el matrimonio como una institución civil para reconocer la reproducción humana. El papel de la mujer en el matrimonio y en la sociedad actual va más allá sin duda de su condición biológica.

También es cierto que el interés de la adolescencia y su protección integral apunta a que se promuevan todas las actividades propias de la edad, y no a que se facilite una edad temprana para lidiar con las “complicaciones del matrimonio” y la responsabilidad de construir y asumir las obligaciones derivadas de la formación de una familia.

Finaliza el fallo exhortando a la Asamblea a reformar la norma parcialmente anulada, pues estima que lo conveniente es que el matrimonio solo sea posible luego de que la persona haya adquirido la mayoría de edad (18 años), para lo cual se basa en informes de organismos internacionales relacionados con la materia.

Siendo un tema de conveniencia, corresponde en efecto al Parlamento debatir sobre el asunto y, con base en ello y el análisis de las distintas posiciones, fijar la edad para la capacidad matrimonial, bien sea la de mantener una edad especial o la de acoger la sugerencia del supremo tribunal y modificarla equiparándola a la de la mayoría de edad, eliminando así la figura del matrimonio precoz.