• Caracas (Venezuela)

María Amparo Grau

Al instante

El insulto es anticristiano y antijurídico

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El papa Francisco, casualmente, luego de haber recibido a Maradona, ha declarado que el insulto es anticristiano. Ver al papa y a Maradona reunidos es, me aclaraba una amiga argentina, demostración simplemente de que el papa es una santidad. Tiene la humildad de recibir a todo tipo de gentes, pero a la vez, tiene la sabiduría de señalarnos en sus palabras lo que no está bien con ellas, para que no se piense que por el recibimiento papal pueden considerarse ejemplo. Esta misma amiga me decía que el papa también recibió a la presidente argentina, y a renglón seguido se manifestó respecto de la arrogancia como una condición anticristiana.

En fin, que esto de que el insulto es anticristiano es evidente si se tiene en cuenta que en los mandamientos se ordena amarnos los unos a los otros, y el insulto es una agresión, por ende, no es demostración de amor alguno, antes bien, se basa en la ira, pecado capital.

El insulto también puede constituir un delito o una falta, según la gravedad de los conceptos insultantes que se emitan. La ofensa o agravio contra una persona puede constituir un tipo penal, y, por ende, ser sancionado hasta con la cárcel. La caracterización del insulto como delito o falta busca limitar los agravios al honor o reputación de las personas y sobre todo imponer un trato que permita la convivencia en armonía y paz.

El Código Penal dispone que aquel individuo que en comunicación con varias personas, juntas o separadas, hubiere ofendido de alguna manera el honor, la reputación o el decoro de alguna persona, será castigado con arresto o multa y si el hecho se hubiere cometido en presencia del ofendido o por medio de algún escrito que se le hubiere dirigido o en lugar público o acompañado de publicidad, la pena podría ser de prisión.

La proscripción del insulto no es otra cosa que la imposición del respeto como principio de convivencia social. El respeto al otro lo impone la dignidad humana como derecho, todo lo cual halla su base en el texto constitucional. La práctica política del insulto que se ha impuesto en Venezuela es contraria al ordenamiento jurídico legal y constitucional y es no solo una conducta humana reprochable desde el punto de vista moral y jurídico, es, además, cuando este proviene de quien ejerce el poder, de quien detenta la autoridad, una forma de represión y puede hasta constituir un actos de tortura.

El insulto ha degradado a la sociedad porque hay que reconocer que esta práctica no es solo de la dirigencia política, se ha propagado hacia el ciudadano común. El trato respetuoso es uno de los tantos valores que deben rescatarse con urgencia. Que sirvan las palabras de su santidad el papa para la reflexión sobre este tema que es otro de los males que minan la convivencia en paz a la que todos debemos propender.