• Caracas (Venezuela)

María Amparo Grau

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María Amparo Grau

Pdvsa: ¿gestión eficiente?

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En los países con sistema constitucional basado en la economía de mercado, como es por cierto el nuestro, según se desprende del artículo 112 de la Constitución del 99, la actividad empresarial del Estado es excepcional. Solo por evidentes razones de interés general, y siempre en respeto a la iniciativa privada y a la libre competencia, puede el Estado convertirse en lo que por su naturaleza no es, un empresario. Téngase en cuenta que cada vez que ello ocurre, el tamaño de libertad del industria y comercio de los ciudadanos disminuye. Es decir a medida que el Estado interviene en más sectores de la economía, los ciudadanos –verdaderos titulares de la garantía de industria y comercio– tendrán menos posibilidades de ejercer este derecho.

El fracaso del Estado empresario es tema históricamente demostrado y, por ello, los modelos económicos de los países desarrollados limitan al máximo esta posibilidad de que sea el Estado y no un particular quien desarrolle las actividades empresariales, que son típicas actividades privadas. En todo caso, cuando el Estado se ve compelido a asumir esta posición empresarial, el ordenamiento jurídico se endereza a evitar que la política pueda influirlo para desviarle de sus cometidos y de su necesaria actuación en conformidad con los principios y postulados empresariales, pues de ello depende el éxito de la gestión.

El carácter público de los recursos ciertamente es uno de los supuestos que ha justificado al Estado empresario. Es lo que ocurre en Venezuela con el petróleo. Podemos aceptar que este recurso sea gestionado por una empresa estatal, si es eficiente e independiente, y con apego a criterios empresariales. La explotación económica de este recurso debe ser sin duda eficiente, de ello depende la más importante fuente de ingresos del país, este es el tema justificante de la actuación estatal en esta materia, pues la justa distribución de la riqueza depende del manejo eficiente de la renta petrolera.

El doctor Brian McBeth, experto conocedor de la historia y de la política y economía petrolera venezolana, nos enseña en su reciente publicación La política petrolera venezolana: una perspectiva histórica 1922/2005, que a pesar de que en el año 2001 Pdvsa fue catalogada como la tercera compañía más grande del mundo, y de que Venezuela contaba con instalaciones y reservas petroleras de las mayores a escala mundial, la política petrolera del chavismo la sometió a una contradicción insalvable, “compaginar su desarrollo corporativo con las exigencias del gobierno de turno”. La confusión entre gobierno y empresa, y como manifestación de ello el que el ministro del Petróleo y presidente de Pdvsa fueran la misma persona, llevó a centrar el tema petrolero en el único objetivo de la mayor recaudación de ingresos de la industria. Señala el autor que la política petrolera se volvió inexistente, lo cual unido a una gerencia de la industria carente de formación adecuada llevó a abandonar o hacer poco énfasis en mantener o incluso aumentar la producción petrolera, que califica como el motor de la industria.

Concluye el doctor McBeth en que “la falta de comprensión del funcionamiento de la industria petrolera y cómo se gerencia una petrolera han resultado en una política que fundamentalmente no ha cambiado desde la nacionalización pero que está ahora más que nunca plagada de contradicciones y de un derroche de recursos en gastos superfluos y en actos políticos de ayuda internacional”. El uso de la industria petrolera como caja chica sin fondo, en palabras del autor, es otra demostración de que esta ha sido más una subalterna del gobierno que una empresa pública con objetivos empresariales enfocados al éxito de la gestión, que es el finalidad de toda empresa.

La llegada del gobierno de Chávez –señala McBeth– no significó un cambio  de política petrolera sino la continuación de la misma meta siempre de extraer más ingresos de la industria. Fue una mera cuestión de eslogan: el petróleo es de todos, cuando la verdad es que pasó a ser de unos cuantos beneficiarios, en función de las políticas de un partido de gobierno, en lo interno y en lo externo, sin contar con el tema de la corrupción que a ella se asocia.

El desplome de los precios del petróleo aunado al hecho de que –según afirma McBeth– el estrangulamiento del flujo de caja de Pdvsa por parte del gobierno es de tal magnitud que la dejó sin medios financieros para invertir en su capacidad productiva, ponen a la empresa petrolera en situación nada ventajosa para el futuro de la misma, y en consecuencia directa de ello, para la satisfacción de ese interés general que la justifica, que no es otro que el éxito de la gestión, a modo de que el producto de este éxito sea verdaderamente invertido en el progreso y desarrollo de toda nuestra nación.