• Caracas (Venezuela)

María Amparo Grau

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María Amparo Grau

Interrogatorio, tiempo y tortura

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De acuerdo con Amnistía Internacional, las técnicas de interrogatorio que constituyen trato cruel, inhumano o degradante son casos de tortura. Estas prácticas pueden ser más o menos crueles, pero en general deben abolirse todas aquellas que independientemente de su intensidad afecten al ser humano, en cuanto puedan causarle dolor físico o emocional.

Los defensores de los derechos humanos se preguntan cómo es posible que aun en pleno siglo XXI existan prácticas crueles de interrogatorio. La tortura y los malos tratos son conductas repugnantes y no se admiten nunca ni siquiera en situaciones de emergencia o de guerra.

Se ha acusado a la administración americana de incurrir en abusos y malos tratos que conducen a la tortura en los interrogatorios realizados en el marco de su guerra contra el terrorismo. Entre las prácticas denunciadas se hallan la inmovilización de los detenidos en posturas dolorosas, la quemadura con cigarrillos, la aplicación de electricidad, la inyección de sustancias, los golpes, la privación del sueño, usar capuchas y otras técnicas que impiden una buena ventilación. Otras prácticas denunciadas en general son desnudar a los interrogados, sumergir sus cabezas en agua u otras sustancias, suscitarles fobias y el aislamiento en pequeñas celdas. También hay métodos que por menor intensidad de crueldad no dejan de ser igualmente inadmisibles, como escupir en la comida del interrogado, hacer burlas de este, el insulto, la intimidación, ausencia de intimidad, etc.

Todas son sin duda conductas reprochables que ponen de manifiesto la existencia de la maldad humana. En esta última categoría me parece que ha de ubicarse el prolongado lapso de tiempo del interrogatorio.

Es en efecto un interrogatorio prolongado en el tiempo, como los que se aplican en Venezuela, que pueden durar entre tres y siete horas, una práctica que puede denunciarse por configurar un trato cruel y, por ende, un modo de tortura, violatoria de las normas que protegen los derechos humanos, tanto en el ámbito del derecho interno (normas constitucionales) como en el derecho internacional (tratados internacionales), independientemente de que quien declare lo haga como imputado, sospechoso o simplemente como testigo.

Es sabido que al detenido le asisten derechos inherentes al respeto de su dignidad humana, como son ser informado debidamente de las razones de su detención, derecho de guardar silencio y de no declarar contra sí mismo, designar abogado y pedir que se le practique un reconocimiento por médico forense, derecho de ser asistido por intérprete, derecho a que se informe el hecho de la detención a un familiar o a la persona que este indique.

Ahora bien, respecto del tiempo de la declaración, tanto en el caso del detenido como del testigo, es un principio general que el interrogatorio no puede prolongarse excesivamente, y que para evitar esta circunstancia la autoridad está obligada a suspenderlo para conceder el tiempo necesario a los fines de que el interrogado descanse.

En las sociedades desarrolladas esta práctica es cuestionable no solo por lo que a la salvaguarda de los derechos humanos respecta en materia de interrogatorio policial o judicial, es consecuencia natural del respeto que por el tiempo se tiene. Ramón Escovar Salom escribió una vez un artículo sobre el respeto al tiempo ajeno. En ese magnífico artículo de prensa decía que era muy propio del venezolano irrespetar el tiempo del otro, y ponía varios ejemplos. Son en efecto numerosos los ejemplos: el funcionario que deja esperando por horas a un administrado, y finalmente no lo atiende porque debió salir a una reunión de última hora; el médico, que cita por orden de llegada, y cuya secretaria dice a los pacientes que se pueden apuntar desde la 1:00 de la tarde, pero eso sí, les advierte sin pudor alguno, que el doctor no llega antes de las 3:00 de la tarde. En definitiva hay un grave desprecio por la importancia del tiempo. ¡El tiempo del otro no vale nada!
Eso explica también por qué las autoridades electorales pueden dar resultados luego de ocho y más horas de terminada la elección, a las 3:00 o 4:00 de madrugada, porque en definitiva el tiempo de los electores no merece respeto.

En todos los casos, es esta conducta una violación de los derechos humanos. Y cuando esta problemática se inserta en el marco del interrogatorio la violación es de mayor gravedad porque, en definitiva, con el uso prolongado de este mecanismo de investigación pueden vulnerarse no solo el tiempo como valor humano, sino otros derechos asociados al tema que se investiga, como la justa defensa y la presunción de inocencia, que se afectan por la inaceptable coacción que un interrogatorio prolongado en el tiempo supone.