• Caracas (Venezuela)

María Amparo Grau

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María Amparo Grau

Delincuente de cuello blanco

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El delincuente de cuello blanco es un concepto de la criminología que se refiere a aquel individuo de elevado estatus socio económico que comete ciertos crímenes relacionados con sus ocupaciones profesionales. Esta es la definición que dio el creador del término, el criminólogo americano Edwin Sutherland (1883-1950).

Así, el delito de cuello blanco es el que cometen los hombres de negocios, de pelo engominado, de flux y corbata o ropa de marca y zapatos de charol siempre vinculado a su ocupación o en el ámbito económico.

Delincuente de cuello blanco es, por ejemplo, el banquero que comete una estafa ofreciendo rendimientos de imposible cumplimiento y generando la pérdida del dinero de los ahorristas, no así el que mata a su mujer o el portero que se roba un cheque, estos serían delincuentes comunes.

La importancia criminológica de este tema se refiere a dos aspectos. De una parte, la circunstancia de que estos delitos estadísticamente son poco castigados, y de la otra, a que ellos generan un cierto sentimiento de admiración en el colectivo de bajos recursos y de escasa educación. Sutherland se preguntaba ¿cómo evitan estos delincuentes de cuello blanco ser llevados a juicio y condenados a cárcel como lo es la más de la veces el delincuente común? y encontraba parte de la respuesta en las conexiones entre el crimen organizado y los poderes públicos corruptos.

El análisis del fenómeno de las mafias y de la criminalidad en el Chicago de los años veinte brindaba más que ejemplos de criminales, como John Torrio, el denominado rey de los prostíbulos y la trata de blancas, que bien pasaba por un caballero decente y ejemplar, de buenos modales y mejores apariencias, pero al mando de un negocio de corrupción y delito que le dio una posición de poder que heredara posteriormente el gánster más conocido, Al Capone, de sombrero y flor en ojal, uno de los delincuentes más feroces, que conocería la cárcel no por sus múltiples crímenes, sino por la evasión fiscal.

Hoy, sin embargo, este concepto del delincuente de cuello blanco puede entenderse aplicable a situaciones que van más allá del estatus socioeconómico, aunque siempre vinculado a delitos relacionados con la alta posición que ocupa el delincuente. Así, cualquier persona que en posiciones de supremacía o de poder comete delitos vinculados a su ocupación, o que valido de su posición de poder comete delitos de carácter económico puede considerarse como un delincuente de cuello blanco. Es el caso del político corrupto en el que se observa el mismo tipo impunidad.

Es ciertamente parte de un mismo fenómeno el caso de quienes se liberan de la responsabilidad de sus crímenes usando su estatus económico y corrompiendo las instituciones del poder que existen para actuar en el logro de su castigo, como el de quienes prevalidos de sus posiciones políticas las influyen y les hacen torcer el correcto ejercicio de sus competencias para salir librados de responsabilidad en los delitos económicos que cometen. Son tan delincuentes de cuello blanco los que, precedidos de su fama y fortuna abusan de su posición para burlar la aplicación de la justicia y la sanción social mediante la disposición de todos sus recursos, como quienes, abusando de su posición política, burlan igualmente la aplicación de la justicia usando los instrumentos del poder y las herramientas de la política, el apoyo de incondicionales socios de ideologías o intereses, manipulando la conciencia del pueblo que les dio su apoyo, para en verdad cubrir con la labia y el proselitismo los crímenes que han cometido.

Es parte de la historia de este conocido gánster, Al Capone, el hecho de que buscaba la aprobación popular regalando dinero a los pobres, comidas a los desempleados, fascinando con su personalidad extrovertida y pleno de poder y prerrogativas, joyas, trajes caros, guardaespaldas, al punto de que la gente le aplaudía en sus apariciones públicas y suplicaban sus favores, sin importar su condición criminal.

Qué dañada está la sociedad que se deja embaucar por los poderosos que amparados en la posición socioeconómica pueden conducirse como los mafiosos del Chicago de los años veinte sin condena formal de la justicia ni condena moral por parte del colectivo. Esto fue tema de preocupación de los estudiosos de la sociología y de la criminología, como Sutherland cuando creó este término del delincuente de cuello blanco.

Y qué grave que este fenómeno se reproduzca en relación con el estatus político sin condena formal de la justicia ni moral por parte de ese mismo ente social al que estos dirigen, ello demuestra la crisis absoluta del Estado de Derecho y a la vez la crisis absoluta de los valores éticos de buena parte del cuerpo social que lo integra.