• Caracas (Venezuela)

María Amparo Grau

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Brujería, profanación y excremento

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El libro del periodista David Placer publicado en España, titulado Los brujos de Chávez, relata una investigación en la que se determina que “en el Palacio presidencial de Miraflores se realizaban rituales de espiritismo a los que acudían los jerarcas del chavismo y todavía hoy se siguen haciendo”. “El reportero caraqueño ha sacado fotografías del salón en el que tenían lugar estas sesiones. En una de ellas se puede ver una cabeza de caimán, utilizada para este tipo de ceremonias, así como velones y ofrendas”. También destaca la existencia de pruebas documentales como una misiva que el fallecido presidente habría enviado a la vidente Cristina Marksman (El Mundo de España, edición de fecha 13 de abril de 2016). Igualmente se afirma en la reseña mencionada: “Todo apunta a que Chávez hizo rituales paleros, en la que se usan huesos de muertos. En el Cementerio General del Sur se profanaban hasta ocho tumbas diarias”. 

La reciente noticia de la profanación de las tumbas de los ex presidentes Rómulo Gallegos e Isaías Medina Angarita y la sustracción de restos no solo contrasta entonces con la historia de respeto que a estos siempre se había demostrado (El Nacional, 15 de junio de 2016), sino que revela un hecho de posible necromancia, inadmisible en la modernidad y de necesaria actuación gubernamental, pues la profanación de tumbas y las prácticas de hechicería con restos humanos deben tener castigo estatal.

El periodista continúa denunciando la proliferación de la práctica de la santería, que tiene su origen en Nigeria y llega a Cuba a través de los esclavos y a Venezuela a través de los cubanos. Es la involución en todo sentido.

La libertad de culto encuentra, como todo derecho, el límite de los otros derechos fundamentales. La libertad de culto que se manifiesta en lo interno es la conciencia religiosa vinculada a la propia personalidad y a la libertad individual. La externa es la que se produce mediante el culto, el cual desde el punto de vista del ordenamiento jurídico del Estado de Derecho encierra la pluralidad como principio y el límite de la dignidad humana, de ahí su consideración como uno de los valores de la sociedad moderna democrática, y de ahí también el reconocimiento de la necesidad de intervención estatal cuando se vulneran los límites que impone la dignidad de las personas. Es ausencia de todo valor democrático la admisión de una libertad de cultos que se imponga por la fuerza de la violencia o de prácticas indecentes, frente a las cuales el Estado se paraliza a pesar de estas conductas violatorias de la dignidad humana.

Por otra parte, a esta historia de un fanatismo propio de la ignorancia que usa la violencia como método para imponerse, se une el arrojo de excremento contra la sede de los diarios Correo del Caroní y El Nacional con la inscripción “chama pueblo rebelde” (Correo del Caroní, 17 de junio de 2016), hechos que también causan alarma pues son actos de una sociedad que no se conoce ni se corresponde con el gentilicio venezolano.

No es sólo una nueva expresión de los ataques tolerados respecto de los medios de comunicación independiente, situación que también es muestra de la ausencia de valores democráticos, pues en ellas subyace la intolerancia ante la libertad informativa. En este caso, el uso del excremento se inserta en la descomposición moral que ha impuesto una revolución en la que se leen como principios, brujería, profanación y excremento.

El presidente editor del diario El Nacional señalaba que un medio tiene derecho a una postura editorial, y que el problema no es tener una línea editorial sino mantener la pluralidad, dando oportunidad a la gente de escoger entre los medios el que sea de su agrado. Mantener posturas frente a los problemas políticos del país, indica el editor, es periodismo (El Nacional, 21 de junio de 2016).

Y en ese sentido es necesario denunciar que las violaciones de derechos humanos en Venezuela se unen al tema político y económico como múltiples manifestaciones de un Estado que no es de derecho y que no atiende a los valores de la democracia, basada como ella lo esta en la libertad y pluralidad en todas sus expresiones legítimas.