• Caracas (Venezuela)

Marcos Tarre

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¿Delincuencia organizada o paramilitares?

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Comenzado su gestión como ministro de Relaciones Interiores, el mayor general Gustavo González López ofreció unas interesantes declaraciones, en las que afirmó que la delincuencia organizada se tomaría como principal elemento para la organización de los cuadrantes de patrullaje inteligente, con el objeto de establecer estrategias para atacar a estos grupos delictivos.

El planteamiento del ministro fue, por primera vez, la constatación de que en nuestro país las bandas de delincuencia organizada, grandes, medianas o pequeñas, son las causantes directas e indirectas de un alto porcentaje de los delitos y que, en consecuencia, el esfuerzo de las autoridades debía centrarse en su nivel de engranaje básico con ciudadanos y comunidades, el patrullaje inteligente, con ese objetivo. Sin embargo, casi un mes después, en otra intervención, el ministro parece haber “refaccionado” su discurso cuando anuncia que una banda paramilitar había sido desmantelada en el municipio Sucre del estado Miranda.

El ministro informó que la banda paramilitar Gamma, dedicada al secuestro, extorsión, sicariato, atraco, tráfico de drogas y de armas había sido desmantelada; se refirió a mercenarios, que el hampa común estaba siendo usada por paramilitares y que los financistas de esa célula paramilitar ya habían sido detectados: “Estamos tras los financistas con elementos que actúan en el mismo sector industrial del eje de La Dolorita en el municipio Sucre del estado Miranda, y estamos seguros de que con el trabajo de inteligencia criminal e inteligencia estratégica seguiremos escalando hasta poder encontrar todos los elementos que seguro tienen vinculación con el uso político de bandas criminales… El paramilitarismo es básicamente una respuesta, una estructura de una élite económica, de una élite financiera, de una élite política que busca sostener, de manera grosera y persistente, el poder de cualquier medio o forma…”, añadió el alto funcionario.

Si bien pareciera ser un detalle menor, el uso de ciertos términos no deja de tener su importancia. Por “paramilitar” se entiende a organizaciones particulares que tienen estructura, entrenamiento, organización, disciplina y cierta cultura similar a la de un ejército, pero que actúan generalmente al margen de la ley. Desde hace años el gobierno del fallecido presidente Chávez, y ahora el del presidente Maduro, afirman que en Venezuela actúan bandas “paramilitares”, bien sea enviadas desde Colombia, financiadas por la CIA o relacionadas con elementos fanatizados de la oposición.  El término “paramilitar” tiene una connotación cercana con la extrema derecha colombiana, en donde actuaron por mucho tiempo las llamadas Autodefensa Unidas de Colombia. Pero paramilitares han existido antes en Irlanda del Norte, en España, en Italia, en la Alemania nazi, en Brasil, en Centroamérica… Para ciertos grupos, que gustan de calificar y simplificar las cosas, los “paramilitares” son bandas de asesinos identificados con la extrema derecha, mientras que los “guerrilleros” son luchadores por la liberación de sus pueblos, cuando en realidad ambos, sean de derecha o izquierda cometen crímenes por igual.

En Venezuela los asesinatos de Eliécer Otaiza y de Robert Serra fueron atribuidos por voceros oficiales a “la oposición” y a los paramilitares, sin que ninguna prueba o indicio posteriormente recolectado por el Cicpc así lo evidenciara. El hecho de que uno de los involucrados en el asesinato de Serra, Leiver Padilla Mendoza, sea de nacionalidad colombiana, que luego del crimen huyera a ese país, no son suficientes pruebas para afirmar que “paramilitares” fueron los autores de esa espantosa tragedia. Otro de los asesinos, detenido y confeso, fue uno de los escoltas de Serra, que ni era colombiano ni nada tenía que ver con esas organizaciones criminales…

Lo que sí parece un hecho incontestable es que las bandas de delincuentes comunes se han fortalecido y expandido. Es un nuevo fenómeno delictivo que puede ser la manifestación de otra escalada de la criminalidad. Desde hace meses se ha visto cómo grupos delicitivos se han enfrentado entre sí en los Valles del Tuy y el estado Aragua, arrojando saldo de masacres. Pero también ha sucedido que, al ocurrir detenciones o enfrentamientos con las autoridades, principalmente con el Cicpc, estos grupos delictivos atacan en venganza instalaciones policiales, en lo que resulta un enfrentamiento directo, pero a pequeña escala, con el Estado. También parece evidenciarse que los grupos criminales, cuyos jefes han pasado por las cárceles, han llevado la estructura de los “pranes” a la calle, en algunas zonas del país.

La situación en Aragua ha originado el despliegue masivo de funcionarios de diferentes cuerpos, Cicpc, Guardia Nacional Bolivariana y Policía Nacional, así como amplios operativos policiales. Si bien el ministro González López se refirió hace unas semanas a “delincuencia organizada” y ahora menciona a “paramilitares” no deja de ser sorpresivo. Todo pareciera indicar que estamos frente a bandas de delincuencia común que se han fortalecido y adueñado de zonas o territorios, algunas en las llamadas “zonas de paz” intentadas por las autoridades. Si se trata de otra cosa, de paramilitares como afirma el ministro, debe presentar al país las pruebas, los resultados de las investigaciones y respaldar sus palabras con evidencias.

Mientras en Colombia en los últimos años hemos visto cómo los paramilitares, golpeados o “pacificados” se han revertido hacia la delincuencia común, allá denominada “bacrim” (bandas criminales), en Venezuela se estaría dando el fenómeno inverso de delincuencia común evolucionando hacia el paramilitarismo…

marcostarre@gmail.com

@marcostarre