• Caracas (Venezuela)

Marcelino Bisbal

Al instante

Otro periodismo

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Muchas cosas están sucediendo en nuestro país. Quizás demasiadas, al menos para quien esto escribe. Frente al des-orden que ha impuesto el gobierno en todas las esferas de la vida, ante la pérdida de brújula a la hora de fijar políticas, emergen el periodismo y los periodistas, no para conciliarse con la realidad, sino para descubrirla y narrarla. Pero no puede ser cualquier periodismo, si es que existen varios. Tiene que ser un periodismo que ayude al ciudadano a discernir entre la verdad y la mentira, que sea capaz de descubrir aquello que el poder –en cualquiera de sus formas– quiere ocultar porque quedaría al desnudo y mal parado, que logre crear las tensiones necesarias entre la realidad y la ficción ya que el periodismo –tal como dice el periodista colombiano Daniel Samper– es siempre tensión. Quizás es la hora del periodismo, no el objetivista y tratando de hacer equilibrios. Sino otro periodismo.

En los últimos años en el país ha habido un desplazamiento de credibilidad a la hora de contrastar a distintos actores sociales. Mientras los políticos, el gobierno y las distintas instituciones públicas exhiben un bajo y escandaloso porcentaje de honestidad-fiabilidad-credibilidad, los medios, pero muy especialmente sus comunicadores-periodistas, ocupan dentro del clima social un alto grado de confianza. El estado de ánimo del actual venezolano y sus opiniones se orientan hacia el periodista y su quehacer periodístico. Al menos eso es lo que nos están revelando distintas encuestas de opinión pública.

En todo lo que va de este proceso político, el periodismo y las industrias culturales a las que él pertenece han pasado por varios momentos. En uno de esos momentos el periodista y su ejercicio estuvieron en entredicho por su acción política y por su falta de racionalidad ante el papel que le toca ejercer. En las actuales circunstancias, signadas por la ausencia de una buena cantidad de medios que han sido neutralizados, ya se sea por los cambios nada transparentes que se han dado en su estructura de propiedad, o porque se han impuesto la autocensura y un manejo de la información que no moleste al poder político, ha emergido, a pesar de todo, un buen periodismo que tiene su base y centro de actuación en el dato, el relato y en la pesquisa profunda hasta llegar al último rincón de los hechos. El buen periodismo no es informar día a día lo que ya dicen las pantallas de la televisión, o los micrófonos de la radio y ahora lo que circula por las distintas plataformas digitales que hacen que la noticia sea redundante. Alguien decía que el buen periodismo es cualquier actividad periodística que vaya más allá de la reproducción de mensajes de terceros y esté acompañada de un análisis crítico de documentos. Quizás a esta idea le podamos poner el rótulo de periodismo de investigación o periodismo de profundidad. Hay quienes expresan también que esta forma de hacer periodismo implica la fiscalización de las actividades del poder. Me gusta como nos lo expresa, otra vez, el periodista Daniel Samper: “Ahora hay más tecnología que zapatos en el periodismo. No descalifico ninguna forma de reporterismo, pero me gusta más el viejo periodismo de sabueso, pesquisa y de examinar documentos a punta de ojo… Uno siempre vuelve a los viejos pergaminos, como en la medicina siempre se vuelve a Hipócrates, porque la base del periodismo sigue siendo la misma. Lo que pasa es que han cambiado las maneras de hacerlo. Algunas han evolucionado para bien, otras para mal… Los instrumentos que se usen, si es el teléfono, el burro o Internet ya es otra cosa. La raíz es la misma: el papel del periodista sigue siendo el mismo, porque nuestro amo y el que manda en nosotros es el lector”.

Este periodismo en la Venezuela del presente tiene una dificultad ante la opacidad del sector gubernamental y el debilitamiento que han sufrido gran parte de los medios por presiones gubernamentales y regulaciones que han generado la censura y la autocensura. Son pocas voces de difusión las que se atreven a ejercer este periodismo. Entonces: ¿hay futuro? No lo sé, lo cierto es que Internet y lo que desde él se deriva abre ventanas para la inclusión de este periodismo. Sin embargo, en este tema también hay exclusiones sociales porque lo digital no está presente masivamente como sí lo está la TV, o la radio o la prensa. La brecha digital es enorme. En Venezuela se habla de 17 millones que no están conectados y son, en su mayoría, los pobres. Suena bien decir que el futuro del periodismo, del buen periodismo, está en Internet y en las redes sociales, pero las realidades a veces atentan contra esas ilusiones.

Este desequilibrio y la asimetría que están presentes en los medios convencionales y en el espacio digital es producto del desorden que reina en el país por inducción del poder. Valdría la pena recordar ante esta situación lo que expresara en cierta ocasión Susan Sontag: “La verdad viaja en la flecha del tiempo”.