• Caracas (Venezuela)

Marcelino Bisbal

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Marcelino Bisbal

Los extravíos del poder

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La situación de crisis por la que atraviesa Venezuela es ciertamente muy honda. No es solamente la crisis política, o la crisis económica, es también la crisis de valores que alcanza a la sociedad en pleno. Con este panorama lo inmediato se hace urgente y lo fundamental se pospone para más adelante. La crisis puede cancelar el sueño. Todos estamos dentro de este torbellino y las preguntas nos asaltan para tratar de visualizar cómo salimos de esta realidad que se ha hecho pesadilla. Sin embargo, pareciera que las respuestas no nos convencen; o mejor, no nos permiten entender esta situación en la que coexisten dos países que miran el futuro de manera distinta.

De un lado está el país, que va siendo mayoritario a estas alturas, que siente que la situación que estamos viviendo es contraria a sus sueños y también a su futuro. Un país que está experimentando lo más adverso porque las necesidades de todo orden no pueden ser satisfechas; porque sus anhelos tienen que ser pospuestos. A este país la realidad lo está sofocando y el poder quiere atarlo, lo quiere meter en cintura.

Hay otro país al que nada de lo que está pasando lo conmueve o preocupa. Sus discursos y su publicidad están más cerca de la persuasión y de la manipulación masiva. Un país que está representado por el poder que se enseñorea –hacerse dueño y señor– queriendo hacer ver que las dificultades por las que estamos atravesando son responsabilidad de otros. Y esos otros están representados por actores tanto externos como internos, y de manera muy especial por los medios de comunicación que imponen representaciones de la realidad que son falsas.

 

I

Llegados hasta aquí tenemos que decir que el poder se extravió en sus mismos discursos y en sus acciones. Los extravíos del poder (1987) responde a una gran investigación llevada a cabo por el economista venezolano Héctor Malavé Mata. Se trata de casi mil páginas para analizar el manejo torpe –como dice el prologuista del libro D. F. Maza Zavala–, incompetente e irresponsable de la hacienda del Estado durante las gestiones gubernamentales de los períodos comprendidos entre 1974 y 1984 (dos presidencias: Carlos Andrés Pérez y Luis Herrera Campins). El mismo Maza Zavala hace el balance de la historia que nos narra Malavé Mata: “Esta es la historia de tiempos extraordinarios en que Venezuela tuvo la posibilidad de crear las bases de una economía integrada en sus propias fuerzas productivas, sin dejar de maximizar los proventos del petróleo; pero que en su lugar fue encadenada a la deuda, al consumismo, al facilismo, a la corrupción, a la inflación, a la crisis en suma”.

Comparemos aquellos momentos con los actuales. Frente a lo que desnuda Héctor Malavé se levantó la propuesta de este proceso, y después de casi 16 años el proceso desbordó y ensanchó las vertientes de la crisis creada durante esos períodos gubernamentales. En definitiva, el modelo fracasó. No solo por el pobre y ruinoso escenario económico que estamos presenciando, que se incubó desde 1999, sino por el crecimiento de la inseguridad y la violencia; la impunidad de la justicia; la creciente violación de los derechos humanos; atentados y agresiones a medios y periodistas; la criminalización de la disidencia; el asalto escandaloso a la cosa pública a través de la corrupción y el mal manejo de los dineros de todos los venezolanos; la profusión del gasto público sin orden ni reglas… Hasta la promesa de hacer a los pobres menos pobres ha sido un rotundo bluff. Así lo demuestra la Encuesta sobre Condiciones de Vida llevada a cabo por la UCAB, la UCV y la USB. Ella nos dice que el porcentaje de hogares en situación de pobreza superó los niveles de 1998, y que después de 16 años tan solo 8,4% de la población en pobreza extrema es beneficiaria de alguna misión social. ¿Qué pasó? ¿Cómo explicar esos datos con la renta petrolera que tuvimos y que nunca antes había visto el país? ¿Cómo podemos entender que hoy Venezuela tenga una acumulación de deuda externa de 19.949 millones de dólares, y que supera el nivel de las reservas internacionales? Ha habido todo un montaje de política comunicacional y de marketing gubernamental haciéndonos ver lo que la tozuda realidad desmiente.  

 

II

El país hoy vive una situación-límite. Nuevos extravíos del poder se hacen patentes. Allí está la detención del alcalde mayor y las imputaciones que se le hacen sin ningún tipo de pruebas. Este caso se suma a muchos otros. Zapata nos lo grafica: un sapo con figura de militar presenta un ejemplar de la Constitución y nos dice: “Esta bicha ya no sirve. ¡Yo creo que se volvió plasta!”. Sobran las palabras. El señor Nicolás Maduro ha dado un golpe de Estado al propio Estado. Uno más en la lista.

Lo que se contó en los medios oficiales, gubernamentalizados como nunca antes, fue otra cosa. Otros medios, hoy en manos afectas al régimen o ¿del propio régimen?, prefirieron pasar la página y no decir nada o casi nada. Hubo excepciones como las del diario El Nacional y Tal Cual. Ellos no se acoplaron a lo que llamaríamos el nuevo espacio público en donde la autocensura y la censura se han instaurado.

 

III

Queremos cerrar reconociendo al diario Tal Cual por decir las cosas “claro y raspao”. Con ese lema irrumpía, el 3 de abril del año 2000, un tabloide de 24 páginas bajo la conducción de Teodoro Petkoff. Quince años de editoriales de análisis político, quince años diciéndole al país hacia dónde nos conducía y nos conduce el régimen, quince años de lectura obligada. “El asedio” fue uno de los editoriales con el que Tal Cual fijaba posición ante el acoso que sufría: “La manipulación del papel para la impresión de la prensa escrita, junto a la adquisición de algunos medios por personas interpuestas, han sido nuevas y filosas armas del gobierno para minimizar o mediatizar la libertad de expresión en el país. Nos toca ahora a nosotros…”.

Este viernes 27 de febrero será su última edición impresa. A cuestas: siete demandas judiciales; visitas casi semanales del Seniat, de seguridad social, del Ministerio del Trabajo; presión sobre los anunciantes para que no publiciten; acoso contra sus directivos; prohibición de salida del país… Tal Cual seguirá saliendo en versión digital, que no es lo mismo. No tiene el mismo impacto. Igual lo seguiremos leyendo. ¡Gracias, Teodoro!

A pesar del des-orden, a pesar de los extravíos del poder, mantenemos la fe en Venezuela, en sus posibilidades reales de cambio. El país tiene con qué, ¡y va a lograrlo!