• Caracas (Venezuela)

Marcelino Bisbal

Al instante

Marcelino Bisbal

La chapuza petrificada del presente

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Apenas han transcurrido dos días del nuevo año. Todo comienzo es propicio para el balance, para calibrar los aciertos y desaciertos, para pensar en los proyectos a cumplir. También es la mejor oportunidad para imaginar la Venezuela que queremos, aún a pesar de la tormenta que dicen se nos avecina. Yo creo que los venezolanos de este tiempo estamos viviendo una “experiencia límite” que nos recorre desde hace ya un buen tiempo: desmantelamiento político e institucional de los aparatos de gobierno y de la cosa pública; profunda depresión económica que nos lleva a una casi segura hiperinflación; estancamiento de la economía con alta inflación; honda desmoralización en la gente por no saber hacia dónde vamos; pérdida y ausencia de valores reguladores de la convivencia social; creciente falta de libertad comunicacional…muchos miedos y dudas del futuro que nos aguarda.

Después de esta larga experiencia vivida hace ya catorce años es el momento, uno más en el almanaque, para confrontar “la mierda petrificada del presente…”, expresión final del poeta Maiakovsky ante la mediocridad y perversión de la revolución rusa.

Es evidente que al país lo estamos pensando de manera distinta. Se trata de comprender desde una visión honesta, al margen de la fe ideológica, lo que está ocurriendo aquí y ahora en nuestra Venezuela.

Alguien cercano al proyecto declaraba en estos días que “no hay una conciliación de visión de país… donde todos nos fuimos al centro y ahora estamos en un gobierno centrista o en un nuevo pacto de Punto Fijo, lo pongo en duda. El diálogo no implica conciliación de posturas…” Vamos a ver si podemos entender a través de la mediación impuesta por los documentos, los actos declarativos y las acciones públicas que afectan al “ser ciudadano” y que provienen de las políticas públicas emanadas desde el Gobierno. Allí está el documento que quieren hacer ley; el denominado “Plan de la Patria. Segundo plan socialista de desarrollo económico y social de la nación, 2013-2019”. Todo un conjunto de párrafos que reduce la lectura de país a pura y machacona ideología, que es una dimensión pero no la única y absoluta. Ciento cuarenta y nueve páginas en donde los términos más frecuentes son: “control”, “redefinir”, “estatizar”, “promover una nueva orientación ética, moral y espiritual de la sociedad”, “valores liberadores del socialismo”, “poder popular organizado”, “defensa integral de la patria ampliando el poderío militar”… es decir, el objetivo –dicho por el propio documento– es construir e impulsar un “proyecto político” contrapuesto al “tiempo pasado” y que “se ubica en la perspectiva del tiempo por venir”.

Esa declaración de principios que es el Plan de la Patria debe ser leído por todos pues allí se compendia el imaginario de país que se quiere imponer. El perfil que se nos ofrece no pasa por la idea de que estamos viviendo un cambio de época en donde las ventanas y puertas quieren estar abiertas al futuro y no cerradas. Los cambios de hoy son de tal envergadura que ponen en cuestión conceptos como el de patria, identidad, pueblo, popular, homogeneidad cultural, de izquierda y de derecha, Estado, nación y otros tantos. El Plan de la Patria destila tal exasperación fundamentalista que la pesadilla del “control” desde el poder es el principio y el fin de la democratización.

Hacia le hegemonía total es hacia donde se nos quiere llevar. Hegemonía en lo económico, en las comunicaciones, la cultura, lo social, en la vida misma. La hegemonía es siempre, por definición, dominación. Desde el poder la interpelación a Gramsci está a la mano para justificar. Pero lo que no nos dicen es que la hegemonía gramsciana tiene un sentido hacia el predominio de lo moral, lo ético, lo cultural, lo convivencial, lo ideológico, en detrimento de la política instrumental. De todo ello carece el proyecto político esbozado, amén del ejemplo dado por la dirigencia oficial. Una vez leído el documento recuerdo aquello que escribiera Leonardo Padura (escritor cubano que sí vive en la isla) en El hombre que amaba los perros: “…con su complejo de ser histórico no creía que existieran las tragedias personales sino solo los cambios de etapas sociales y suprahumanas. ¿Y las personas qué? ¿Alguno de ellos pensó alguna vez en las personas? ¿Me preguntaron…si estábamos conformes con posponer sueños, vida y todo lo demás hasta que se esfumaran (sueños, vida, y hasta el copón bendito) en el cansancio histórico y en la utopía pervertida?” En fin, una vez más sopla el des-orden que se quiere santificar en este inicio de año.