• Caracas (Venezuela)

Marcelino Bisbal

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Marcelino Bisbal

Zapata, el humor y el país

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Pedro León Zapata es decir Venezuela y humor

Hubo un tiempo, como expresara el propio Pedro León Zapata, que decir Venezuela, Aquiles Nazoa y humorismo era lo mismo. Zapata, como lo nombramos y conocimos, fue un gran admirador de Aquiles Nazoa, fue su amigo. Sin saberlo, también Nazoa fue su maestro.

Aquiles Nazoa fue muchas cosas al mismo tiempo: intelectual, periodista, pensador, crítico de arte y literatura, poeta, guionista cinematográfico, escritor de teatro… Supo expresar al país en un tiempo y contexto determinado. Usó unas claves que no parecían nada serias, pero que en el fondo lo eran. ¡Vaya que lo eran! Decía Pedro León que se admiraba con las cosas de Aquiles, “porque Aquiles siempre hacía maravillas”. Tenía una manera muy peculiar de ejercer el lenguaje, la frase y, en definitiva, el pensamiento.

“Tú eres el loco del pueblo”.  Así  definió Aquiles Nazoa a Pedro León Zapata. Y es que los locos del barrio dicen y hacen cosas que no tomamos en serio, pero son muy serias. A veces el loco del pueblo, como decía el mismo Zapata, se atreve a decir lo que yo no me atrevo a decir, él dice lo que yo pienso y se compromete por mí.

Zapata ha sido múltiple y único. Él hizo y dijo cosas maravillosas. No solo fue caricaturista y pintor, se destacó también como conversador –no le gustaba que le dijeran conferencista– usando un lenguaje rico y plural. Fue hombre de radio y televisión, pero sobre todo fue un humorista gráfico, y desde esa forma del humor, el fraseo del mensaje expresando una idea política, social, económica, científica, educativa… era todo un regodeo del pensamiento, pero con gracia, con expresión artística. Sus palabras eran reflejo de la realidad y, como dice Laureano Márquez: “Celebramos las caricaturas de Zapata por la forma como ellas sintetizan lo que somos, por la manera en que expresan una verdad mucho más cercana a la gente y a sus problemas y que contrasta con la que se nos pretende imponer en cada momento desde arriba”.

Por eso me atrevería a decir que Venezuela, humor y Zapata son lo mismo. En ese sentido me gusta lo que expresa Claudio Nazoa: “Zapata  es el maestro del humor en el país. Es un faro para quienes están perdidos… El día que no salga un Zapatazos es porque algo pasa en Venezuela. Él es la voz de lo que todos pensamos”.

¿Y ahora? Recordarlo como fue y tenerlo presente. Los cincuenta años de Zapatazos, cumplidos el 21 de enero de este año, han sido la mejor muestra de la Venezuela que hemos vivido, de la Venezuela que nos ha tocado vivir con todos sus contrastes.

 

Humor y libertad de expresión

Pedro León nos decía que sin libertad de expresión no hay humorismo. El humor necesita de espacios libres, sin ataduras, sin compromisos de ningún tipo para poder expresarse. Va en contra de toda forma de autoritarismo. Al autoritarismo no le gustan ni el humor ni los humoristas. Fuimos testigos, en el año 2000, del desplante del fallecido Hugo Chávez al artista: “Zapata, ¿tú piensas así, o te pagan para que opines así?”. El mal humor presidencial lo desató un ingenioso Zapatazos: un sable que nos advertía a los venezolanos “A mí la sociedad civil me gusta firme y a discreción”.

El humor es una forma, no la única, de enfrentar el poder y la dominación. Enfrentándolos y riéndonos al mismo tiempo. El humor no puede estar en ninguna orilla. Necesita sentirse libre y actuar en consecuencia. Miguel Otero Silva comparaba al humorismo con el torrente de agua que corre libre por los suelos, aun a pesar de lo accidentados que estos estén. Por eso el humor no le gusta a los que mandan, porque no lo pueden sujetar y porque además el buen humor, el que es libre y responsable con la verdad, sirve de ventana a la realidad.  Para Umberto Eco “cuando aparece una pieza de humor verdadera, el espectáculo se convierte en vanguardia: un juego filosófico supremo”. 

 

¿Y el país?

En una conversación con Nelson Rivera decía Zapata que “si algo caracteriza a la revolución es la novedad… Por eso es que revolucionario que repite no es revolucionario. El revolucionario es el que dice lo nuevo, quien está diciendo lo viejo no es revolucionario. Eso es mentira”.

Zapata expresó lo que todos pensamos. Este socialismo del siglo XXI repite esquemas ya fracasados: inflación artificialmente contenida, producción industrial en descenso por controles gubernamentales, expropiación y estatización de factores de producción que funcionaban y eran rentables, congelación y regulación artificial de precios, aumento considerable del gasto público, asfixia de la agricultura. Todo esto nos ha traído adonde estamos: escasez, desabastecimiento, empobrecimiento acelerado, interminables colas. La mejor definición de todo esto me la dio un amigo: “Esta es la misión vuelvan mierda”.

El des-orden campea por todas partes. Pero como nos recuerda Fernando Savater: “El ideal humano debería ser estar contento aunque no sea feliz y a eso nos enseña el humor”.