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Marcelino Bisbal

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Marcelino Bisbal

Pasquali: de la filosofía a la comunicación y viceversa

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Se trata de rendir homenaje a un texto que sirvió de diálogo entre los investigadores de la comunicación y, por supuesto, entre los alumnos de comunicación y de sociología, hasta de antropología y de psicología, para entender cómo la comunicación no es información, sino convivencia. Para entender –como nos los dice el propio Antonio Pasquali– que el comunicarse es conditio sine qua non para la eclosión de la relacionalidad en el animal político que es el hombre. Sirvan estos pocos caracteres para recordar que el libro Comunicación y cultura de masas está cumpliendo cincuenta años de existencia. Antonio Pasquali es su autor y ese texto habría de cambiar, por allá en los años sesenta y setenta, las preguntas y la perspectiva sobre los procesos de comunicación y su investigación.

Un primer tiempo: la llegada
Antonio Pasquali nació el 20 de junio de 1929 en un pequeño pueblo de nombre Rovato, por allá al norte de Italia. Antonio, como le decimos los que nos movemos en estos menesteres de escudriñar la comunicación y los massmedia, es uno de esos inmigrantes que llegó luego de que el padre pudo reclamar desde Venezuela al resto de la familia. Fueron a parar a Puerto
Cabello en febrero de 1948. Tenía para ese entonces casi 19 años.
Allí arranca la historia de Antonio Pasquali en estas tierras. Ingresa a estudiar Filosofía en la Universidad Central de Venezuela (UCV). Se hace doctor en París, y en 1974 ayuda a dar a luz el Instituto de Investigación de la Comunicación (Ininco-UCV). Intelectuales nuestros como Juan Nuño, Eduardo Vásquez, Germán Carrera Damas, Pedro Duno, Federico Riú,
Ernesto Mayz Vallenilla, Sergio Antillano… fueron sus más cercanos amigos y cómplices en aventuras del ser y del pensar. Desde ese momento puso en práctica, hasta el día de hoy, lo que Edward W. Said (crítico literario y cultural) ha llamado el intelectual francotirador, el intelectual perturbador del statu quo, que no es más que afirmar que Antonio Pasquali es “un pensador comprometido con su tiempo y un pensador que defiende a ultranza la independencia de criterio”.

Un segundo tiempo: Comunicación y cultura de masas
A los tres años de su regreso de París, en donde recibió cursos de Filmología en la Sorbona escuchando las lecciones siempre ricas de pensadores como Jean Wahl, Moscovici, Merleau-Ponty, Edgar Morin y Georges Sadoul, vio su primera edición Comunicación y cultura de masas, el texto que circuló bajo el sello de imprenta de Ediciones de la Biblioteca de la UCV.
Tiene copyright con fecha de 1963. El libro tendrá un subtítulo que todas las ediciones posteriores, incluso la primera, soslayaron en portada y que tiene una gran significación: “La masificación de la cultura por medios audiovisuales en las regiones subdesarrolladas. Estudio sociológico y comunicacional”.

Comunicación y cultura de masas es un libro, lo sigue siendo todavía, trashumante, lo que significa que se trata de un libro-ensayo que nos traslada a otros terrenos, a otros espacios del pensamiento para entender lo comunicacional en perspectiva crítica de fuerte impronta ética. Esa reflexión de profundo carácter epistemológico no lo hará renunciar a planteamientos más pragmáticos que tienen que ver con la política y el deber ser de los servicios de radio y televisión pública, así como la formulación de políticas comunicacionales. No olvidará tampoco otras manifestaciones de la cultura como el cine, el libro, lo audiovisual, el arte y hasta la ecología y el medio ambiente… Sin embargo toda su preocupación es lo comunicacional, en cuanto problemática.

Tercer tiempo: su utopía
Siguiendo una metáfora de la mexicana Rossana Reguillo podemos decir que: “Los libros aluden siempre, pienso, a mapas, a estrategias y a rituales. Tres procedimientos que los vuelven inteligibles y permiten a sus lectores el proceso complejo de apropiación”. Si es así, como lo creemos, digamos que Comunicación y cultura de masas es un libro fundamental, como diría la metáfora de Rossana, fue y es un libro-puerta que permitió, que permite acceder a otros planos acerca de la consideración de la comunicación como ingrediente clave de la conformación de la sociedad en cuanto conjunto de comunidades, que nos ayuda a releer el mundo y todos sus fenómenos. Pero también es un libro-puente porque desde su aparición y rápida difusión, especialmente en América Latina, nos ayudó a ver el mundo de las comunicaciones desde ópticas críticas siguiendo los postulados de la Escuela de Fráncfort. Sin embargo, el libro Comunicación y cultura de masas tuvo una mayor ambición. Fue y sigue siendo la utopía comunicacional de Antonio: “Un primer aporte categorial y documental a una de las tantas labores desalienantes que nuestro contorno cultural reclama con dramática solicitud: aquella que pretende racionalizar y curar uno de sus traumas más profundos, el de la atrofia comunicacional o del anquilosamiento dirigido en las formas básicas del saber”.

Frente al des-orden que reina en el país, siempre resulta una buena lección recordar lo que este hombre, inquieto y militante del pensar y del hacer en democracia, dijera: “Lo que Venezuela espera de nosotros en este momento es la denuncia sin miedos, lúcidas indicaciones morales, y un fuerte principio de esperanza”.