• Caracas (Venezuela)

Marcelino Bisbal

Al instante

Estrategia de la seducción

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Este artículo pudiera haberse titulado también, siguiendo a Umberto Eco, La estrategia de la ilusión (1986). Texto que trata de una semiología de lo cotidiano. Una aproximación a la realidad y a los discursos políticos tanto de aquellos que provienen de los propios políticos, del partido gobernante o de los medios de comunicación, con la única idea de dejar al descubierto la ilusión que normalmente se nos quiere proponer, mejor vender, o simplemente imponer. Como dice el propio Eco, la intención es la de reportear lo social para que el lector adquiera una conciencia crítica de los movimientos musculares que le acechan. En La estrategia de la ilusión se trata de descubrir los discursos bajo las cosas que cotidianamente se nos ofrecen.

Se podía haber titulado también Escuela de la sospecha como llamaba Nietzsche a la tarea agotadora de la vigilancia filosófica. Tema que, en el año 1990, retoma ese gran filósofo nuestro que fue Juan Nuño en su libro La escuela de la sospecha. Nuevos ensayos polémicos. La idea de esa colección de ensayos tenía como finalidad “evitar la conformidad con lo dado, ejercer el pensamiento en tanto crítica de las formas de vida”.

Cualquiera de los dos títulos hubiese calzado perfectamente con lo que queremos analizar. El 3 de marzo de este 2015 se presentó ante la Asamblea Nacional la Memoria y Cuenta del año 2014. Quien llevó la voz cantante fue el vicepresidente ejecutivo, Jorge Arreaza. Pocos medios le dedicaron atención, al menos con sentido crítico y analítico como corresponde hacer a un periodismo que no sea complaciente con el poder, con ninguna forma de poder, y que intente desentrañar políticamente el sentido de lo expuesto. Solamente el portal Prodavinci y El Nacional se ocuparon de esa Memoria y Cuenta, más allá de la escueta reseña. Leyendo el discurso descubrimos mentiras y manipulación de datos. Por ejemplo, para el gobierno la pobreza, en el año 2014, estaba en 20%. Sin embargo, el estudio presentado por la UCAB, la UCV y la USB, sobre la realidad venezolana, nos dice que el número de hogares venezolanos en situación de pobreza, en este país que ha disfrutado la mayor bonanza petrolera de su historia, ha subido a 48%. Hace 16 años había 45% de hogares pobres. Se trata, entonces, de un ejercicio de simulación-seducción para ganar la voluntad de la sociedad venezolana. 

Arreaza llegó a decir que “la metodología que hemos escogido es la del contraste de los modelos, ya que algunos por ahí alegan el fracaso del modelo chavista, socialista, revolucionario y queremos hoy, con datos, dar el debate. Que se dé el debate en todo el país, en las comunidades, en la calle, como debe de ser”. Y afirmó que “la burguesía pretende, a través de sus voces partidistas y de sus medios de comunicación, hacerle creer al pueblo que el modelo chavista, social, económico, cultural, integral, no es pertinente. Deben saber y comprender que el único modelo que fracasó en Venezuela, y que está haciendo aguas en el mundo entero, es el modelo del capitalismo, no el socialismo”. ¿Se habrá enterado el vicepresidente que el socialismo al que él alude –el marxismo totalitario– colapsó hace un buen rato? O como se preguntaba el historiador venezolano Eduardo Arcila Farías: ¿Para qué sirve la historia?

Haciendo uso de aquello que Roland Barthes llamara el “olfato semiológico”, que para el filósofo francés significaba agudizar la capacidad de ver lo no dicho, lo no mostrado, de captar el sentido del mensaje más allá de las formas discursivas, de la retórica… podemos descubrir cómo a través de la publicidad, que significa ni más ni menos un hacer público ¬–como modalidad comunicativa–, se nos sugiere una imagen favorable de la gestión gubernamental que la realidad niega. 

Los anuncios exhibidos visualmente, gráficamente y de forma escrituraria sobre los siete temas principales que expone la Memoria y Cuenta del año 2104: situación política de 2014; seguridad; guerra económica, contrabando y finanzas; inversión social, pobreza y desempleo; educación; infraestructura, vivienda; y salud (ver Prodavinci del 3 de marzo), llaman al público –al pueblo en palabras del régimen– a adherirse automáticamente al código en el que el discurso fue cifrado. Se busca, de la manera más clásica en el ámbito del discurso publicitario, una complicidad inmediata con lo que el mensaje expone. Cada palabra, cada imagen, cada estadística… llama a un consenso, el de todos los venezolanos. En ese sentido diríamos, siguiendo a Eco, que la lengua y su expresión desde la mediación del lenguaje es “el dispositivo a través del cual el poder se inscribe allí donde se instaura”. Razón por la cual este proceso político que vivimos le ha dado tanta importancia a la palabra, a los discursos políticos de masas y a los aparatos por donde circulan esos discursos. 

No es gratuito entonces que este gobierno cuente con 15 televisoras, 25 emisoras de radio en frecuencia AM, 82 emisoras de radio en FM y 7 diarios. Esto sin contar los llamados medios comunitarios que le son afectos.  De ahí que se diga que este proceso político es de carácter  mediático  donde el espectáculo de masas y para las masas –representación massmediática–  se constituye en la forma privilegiada de enunciación de la realidad. Pero son actos de enunciación a través  de la seducción, simulación, de  la ficción que oculta todo efecto de la verdad. Sería el concepto de eso que refieren como realidad virtual.  Juan Nuño, de manera irónica, la explica muy bien y la analogía con lo que estamos viendo y viviendo y lo que se nos dice desde Miraflores calza de manera perfecta. Decía Nuño: “Porque eso de una realidad virtual es algo así como una humedad seca o un círculo cuadrado. Forma hipócrita y complaciente de decir que lo que no es, lo potencial, puede llegar a ser real, sin dejar de ser potencial”.

Pero estamos en tiempos de descreimiento después de dieciséis años. La realidad  se ha vuelto rebelde, contradice los discursos y sus gestualidades, deja al descubierto la publicidad y sus mecanismos de convencimiento. Las palabras del vicepresidente, tratando de convencer y de doblar los hechos, son la mejor forma de legitimar el des-orden. Es el momento de recordar aquello que escribiera el argentino Manuel Puig en una de sus primeras novelas: “Me oigo y me parece que estoy contando una película”. Película que se queda corta al confrontarla con el aquí y el ahora. El des-orden expuesto en esa Memoria y Cuenta es incluso irrelevante en relación al des-orden impuesto desde el poder.