• Caracas (Venezuela)

Marcelino Bisbal

Al instante

Marcelino Bisbal

Escenarios del caos

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

I

Las noticias se suceden una tras otra. No hay tiempo, ni tranquilidad, para digerirlas. Cuando queremos profundizar y llegar hasta el detalle del hecho, ya viene inmediatamente otra información que arropa a la anterior y nos olvidamos de la primera y pasamos a la siguiente. Es como un torbellino ante el cual no hay resistencia posible. Un torbellino noticioso. Cada día, sin exagerar, hay una construcción informativa del país, de su gobierno, de los problemas que nos aquejan a los venezolanos. Porque, como dicen los estudiosos del tema: los acontecimientos sociales existen solo en la medida en que los medios de comunicación los constituyen como tales. La información, convertida en noticia, transforma los sucesos en hechos públicos abiertos a la discusión, a la interpretación, a la toma de posición.

 

II

Hay quienes dicen que el país actual se parece a una telenovela, es decir, a un melodrama televisivo. Un  melodrama que cuenta lo que está pasando en la vida o algún aspecto de ella, pero dramatizándolo, exagerándolo. La telenovela convierte algún aspecto de la vida diaria en una experiencia cultural individual y familiar. Si la información es una estrategia de comunicabilidad, la telenovela como género también goza de ese privilegio.

 

III

Ni en los procesos de construcción social de la información, ni en la puesta en escena de las telenovelas a través de la dramatización se da la objetividad. Esta es un mito. Tanto el melodrama televisivo como la noticias son productos del proceso de elaboración de quien ejerce el oficio; bien del periodista o del escritor de televisión. Lo que leemos en la prensa, lo que escuchamos todos los días a través de la radio, lo que vemos en las pantallas del televisor, o ahora lo recepcionado por intermedio de eso que llaman los nuevos medios –producto de Internet y de las tecnologías digitales– solo existe en la medida que esos profesionales lo elaboran o lo resemantizan simbólicamente.

 

IV

Aquí, los últimos acontecimientos ocurridos en nuestro país. Veamos cómo ha sido la producción noticiosa de la muerte del señor Rodolfo González, a quien el presidente Maduro llamó el Aviador y que en cadena nacional, sin que mediara ninguna prueba tangible, solo la palabra de eso que llaman “un patriota cooperante” (un sapo, como decimos en criollo) que nadie conoce, lo acusó como “uno de los cabecillas del golpe de Estado que se estaba fraguando el pasado 12 de febrero (2014)”.

No hubo cadena nacional para referirse al trágico hecho. Los medios gubernamentales no emitieron titular alguno. Silencio. Por lo tanto, para el gobierno el hecho no ocurrió. Por otra parte, un sector de los medios privados, hoy autocensurados, fueron asépticos; es decir, no identificaron en el relato las causas de lo ocurrido. Postura aparente de neutralidad frente al suceso que se informa.

Otro hecho informativo. En este el gobierno sí intervino informativamente hablando, y lo sigue haciendo, de manera afanosa. Discursos que van, vienen,  y que se repiten. Frenesí antimperialista. Se trata del decreto firmado por el presidente Barack Obama imponiendo sanciones a seis militares generales y a la fiscal 20 provisoria (recomendamos la lectura del trabajo de Poderopedia acerca de los sancionados, en Tal Cual  del 14 y 15 de marzo). Discursos inflamados de narrativa nacionalista, patriotera y del “yankee go home!”. El señor Nicolás Maduro, dado a los sobrenombres, llamó al presidente de Estados Unidos “Frankenstein, un monstruo”. Muchas cadenas nacionales se están dando. ¿Cuánto le cuesta al país toda esta telenovela que se ha montado? Por ejemplo, la cadena del 15 de marzo, que duró 1 hora y 58 minutos, se presentó con el rimbombante título de “Unidad nacional contra la agresión imperialista”. Su costo, según Monitor Ciudadano, usando las tarifas de la televisión comercial, fue de 30.235.986 bolívares (unos 5 millones de dólares al cambio oficial de 6,30). También hubo una carta dirigida a Obama, publicada en The New York Times a página completa. Se ha dicho que esa carta/remitido tuvo un costo de 178.633 dólares. Se calcula, según informe de la periodista Gaby Castellanos, que el gobierno se ha gastado, solo en una semana, casi 290.000 dólares en contrainformación del tipo avisos de prensa, remitidos y piezas publicitarias en diversos soportes en medios nacionales.

¿Qué se ha dicho desde Miraflores de los 4.200 millones de dólares depositados en una filial española del Banco de Andorra? ¿Qué se ha informado en cadena nacional, desde el Minci, o desde la Cancillería, sobre los 16.800 millones de dólares que manejaban altos funcionarios y ex funcionarios del gobierno depositados en el Banco de Andorra, en el HSBC (en Suiza) y en el Banco Paravia (en República Dominicana)? ¿Se dijo algo en la Expo Venezuela de Verdad, que se llevó a cabo en el Teatro Fernando Rojas de Madrid? Como dijo Alberto Barrera en el diario El Nacional: “Es mejor hablar de la invasión gringa que de la corrupción bolivariana”. Es mejor seguir hablando de imperialismo que de la inflación que en 2014 llegó casi a 70%, una de las más altas del mundo. Es mejor mantener silencio sobre la caída del ingreso, de la falta de divisas, o de la devaluación de la moneda en 3.823%. Mejor escribir páginas enteras sobre las muertes ocurridas como producto de las intervenciones norteamericanas en nuestra región, que escribir acerca los 25.000 homicidios registrados en 2014 a una tasa de 82 muertes violentas por cada 100.000 habitantes, como una de las más altas del planeta…

 

V

A pesar de todas las restricciones a los medios, de la aparente objetividad de algunos que han renunciado a la responsabilidad que implica decir la verdad, a la falta de ética periodística de comunicadores-docentes universitarios que prefieren callar y censurar la información incómoda al poder, a pesar de… los pocos medios que todavía se atreven van construyendo la información del acontecer y de la  realidad cuando hacen un buen periodismo de investigación y cuando informan lo que de verdad está ocurriendo en nuestro país.

Estas escenas del caos, con sus respectivos rituales de la información y del melodrama, en el que está sumido el país pueden significar –en palabras de Monsiváis– muy pronto una fuerza liberadora. Porque la dictadura del des-orden con el que convivimos no puede durar mucho más tiempo.