• Caracas (Venezuela)

Manuel Felipe Sierra

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Manuel Felipe Sierra

¿Nada ha cambiado?  

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Han pasado cuatro meses de la desaparición de Hugo Chávez y para el oficialismo y para la oposición pareciera que nada ha ocurrido. Nicolás Maduro, si bien es cierto que ha tomado iniciativas importantes (Plan Patria Segura, sanciones en caso de corrupción, diálogo universitario, escogencia del Alto Mando de la FANB y flexibilización en materia cambiaria), sin embargo su discurso sigue anclado en la versión más radical del chavismo. El ejemplo más reciente es el tratamiento del caso de Edward Snowden y la prohibición de sobrevuelo de Evo Morales en territorio europeo. Después de realizar una gira a Italia, Francia y Portugal, lo que significó el reconocimiento a su gobierno y la ampliación de acuerdos comerciales, la reacción de Maduro frente al incidente de Morales ha sido cuando menos desmesurada.

De esta manera, lo que seguramente había logrado con las entrevistas con los tres mandatarios europeos, en el mejor de los casos ello se ve transitoriamente afectado. Ciertamente es condenable lo ocurrido con la nave boliviana por la sospecha de que en ella podría viajar Snowden, pero ¿acaso ello obedeció a órdenes de los gobernantes y no fue, en cambio, un alerta (como se ha comprobado posteriormente) de los servicios de inteligencia norteamericanos? También es cierto que la aclaratoria de los gobiernos fue tardía y que ello dio pie para la categórica respuesta de los países del Alba y el posterior acuerdo de la OEA. Pero hasta allí.

Lo mismo ocurre con la decisión de otorgar asilo al ex espía de la CIA. Ello podría hacerse de manera soberana sin que implicase un juicio de valor sobre la política de Washington. Después de la reunión del canciller Jaua con el secretario de Estado, John Kerry, en Guatemala se abrió espacio para mejorar las relaciones entre los dos países, lo cual no quiere decir de ninguna manera que se renuncie al tono antiimperialista que es consustancial al proyecto de Chávez ni a las críticas que ello ha merecido de los gobiernos de Estados Unidos. Pero hasta allí.

En el mundo opositor ocurre algo parecido. Sus voceros actúan como si Chávez y Maduro fuesen la misma persona, sin entender que el “chavismo sin Chávez” impone necesariamente algunos giros en la conducción del Estado. Mientras tanto, en el país crece la percepción de que es necesario bajar los ánimos de la confrontación de los últimos años y que nos encaminamos, quiérase o no, hacia un clima más cercano a la convivencia democrática. Un reciente sondeo de Hinterlaces (encuestadora acusada de favorecer al régimen) registra este nuevo clima de opinión hasta el punto de pronosticar una victoria opositora en caso de que las elecciones municipales se realizaran hoy. No entender esta realidad puede conducir a la apatía colectiva, la cual finalmente ayudaría al Gobierno.