• Caracas (Venezuela)

Luis Vezga Godoy

Al instante

¡Estúpidamente unidos!

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Han pasado 23 años desde que el asesor electoral James Carville le colocó a Bill Clinton y a su equipo un cartelito en el que escribió: The economy, stupid (“Es la economía, estúpido”) para recordarles a todos en la campaña que los detalles nacionales, domésticos, la economía en su escala pequeña era en lo que debían concentrarse para que el joven candidato demócrata norteamericano pudiera derrotar al para entonces todopoderoso republicano George Bush, padre.

Clinton, como todos sabemos, derrotó a Bush en esa oportunidad.

Pocas lecciones como esa hoy más oportuna para quienes en Venezuela transitamos por convicción, simpatía o compromiso la senda de la democracia, la libertad, el progreso, la modernidad, la integración, la iniciativa privada y la paz. 

Esa recomendación de Carville tiene su correspondiente traducción para la Venezuela de hoy. Se denomina: “Es la unidad, estúpido.”

Encontrar una estrategia que mantenga nuestros mayores esfuerzos en el principio de la unidad nos haría por mucho tiempo no solo fuertes y victoriosos, sino también permanentemente innovadores, creativos y, a la vez, atractivos para quienes piensen diferente.

Desde que la banda de ilusionistas que encabezaba Hugo Chávez Frías irrumpiera en el panorama electoral venezolano con la fraudulenta propuesta del socialismo, el antiimperialismo, las estatizaciones, la censura, el militarismo amenazador y la anulación de los poderes públicos, nada peor nos ha podido ocurrir que cuando cada grupo ha danzado ególatramente por su cuenta, y mucho bien hemos experimentado cuando bailamos en acuerdo, unidos en torno a un propósito con verdadera vocación de poder.

Las dos candidaturas presidenciales de Henrique Capriles, 2012 y 2013, y la reciente elección parlamentaria del pasado 6-D así lo demuestran. Han sido los 3 mejores momentos de la oposición democrática en todos los últimos 17 años. Adjetivar qué tipo de unidad se alcanzó en esas 3 oportunidades sería cuestión de entrar más que en militancias, en pasiones y compromisos. Pero, en la realidad de los hechos, a la hora del verdadero examen, ante la población y el CNE, nos presentamos unidos y avanzamos, hasta triunfar.

La tesitura, la calidad de la victoria obtenida este pasado 6-D obliga a enfocar el análisis de lo hecho en ese tema: la unidad. Hoy más de 110 diputados hacen mayoría en la Asamblea Nacional porque los venezolanos demócratas fuimos, en la visión de Carville, ¡estúpidamente unidos!

Y al pensar en el mañana, pues, ninguna duda, tirar las primeras líneas de dibujo libre sobre lo que debemos hacer para el futuro inmediato nos exigirá más de la misma estupidez: por encima de mi propia agenda, por encima de mi propio grupo de interés, debo vestirme de unidad venezolana para concurrir a las próximas citas electorales.

Pareciera que las pruebas son abrumadoras: hacernos estúpidamente unidos nos hace imbatibles a la hora de recuperar la esperanza, el mañana, el derecho de soñar una Venezuela moderna, pacífica, de avanzada.

La unidad no es flor de media noche. Ella exige mucha visualización hacia el futuro, soñarla temprano, sobarla, acariciarla, regarla, podarla. También extraerle cada cierta tiempo alguna que otra espina así como las naturales alimañas y parásitos que la acechan. Como reiteradamente le he escuchado decir a  ese gran venezolano que es Ramón Guillermo Aveledo, a quien por lo demás le debemos muchísimo de lo bueno e histórico de este 6-D, “dentro de la unidad, todo; fuera de la unidad, nada.”

Diputados, ninguno de ustedes esta allí por votos propios. Ninguno ocupa una curul con solo los votos de su propio partido. Todos están allí porque la oferta de unidad para más de siete millones y medio de venezolanos lo permitió.

Subestimar o desconocer este hecho hará que la historia que apenas comienza sea breve y dolorosa.