• Caracas (Venezuela)

Luis Ugalde

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Luis Ugalde

Cecal, centros de capacitación laboral

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La población más vulnerable está en los jóvenes entre 14 y 25 años, que ni trabajan ni estudian. Más de 1 millón por una razón u otra están en la calle, sin medios ni horizontes. No sirve levantar la voz cuando ya ocurrió el crimen, sino formar para la vida y el trabajo. Nos alarma ver que mientras se declara contra la violencia, naufragan programas que funcionan específicamente para estos sectores.

La Asociación Venezolana de Educación Católica (AVEC) atiende a medio millón de niños y de jóvenes y está constituida por miles de educadores con iniciativas creativas. Además de las escuelas primarias, secundarias y universidades, la AVEC viene cultivando mil formas de respuestas educativas especiales para situaciones de particular gravedad y de abandono.
Los centros de capacitación laboral (Cecal) se crearon hace unos años con fórmulas novedosas y flexibles para atraer a esos jóvenes y brindarles nuevos horizontes de vida, de trabajo y de esperanza. Escuelas, parroquias, comunidades, radios… se movilizaron para salir al encuentro de esa necesidad de formación en valores y en oficios y ha ido creciendo hasta los 50.000 participantes actuales. Cecal ofrece 2 modalidades de currículo: 1) los cursos continuos que combinan capacitación y formación escolar durante 6 semestres y 2) los cursos discontinuos de 6 meses de duración para la formación en determinados oficios. Los Cecal solo son posibles si en torno a esa juventud en riesgo se activa la “triada solidaria entre sociedad, familia y Estado”, que afirma la Constitución bolivariana.

Las comunidades católicas y capillas, insertas en el corazón de los más pobres, activan lo que tienen: su sensibilidad ante las necesidades sentidas, los espacios parroquiales, capillas y escuelas funcionan en horas vespertinas y personal para esa modalidad educativa donde el gobierno no llega. Por otro lado, el gobierno acata lo establecido en la Constitución para el Estado y se deja ayudar para cumplir su obligación con esos jóvenes vulnerables. Así nacieron y así se han financiado hasta ahora. Funcionan 157 centros Cecal, de los que 94 son de Fe y Alegría, 22 de la Red Juventud y Trabajo dirigida por los salesianos y casi un tercio de otras iniciativas variadas.

La AVEC tiene, además, otras modalidades donde la escuela convencional no llega: decenas de aulas radiofónicas, casas hogares que suplen la falta de familia, escuelas granjas en el campo, escuelas técnicas… impulsadas por instituciones y fundaciones que buscan recursos nacionales e internacionales para seguir trabajando, siempre en condiciones precarias y con las uñas. Pero nada de esto exime al Estado de su obligación primordial de garantizar esas formas de educación que requieren espíritu público y creatividad múltiple, más allá de la escuela oficial; Estado posibilitando la sinergia de familias, jóvenes, educadores, comunidades y empresas colaboradoras.

Alarma. Por eso nos alarmamos al saber que, mientras se habla de diálogo educativo para la paz y contra el crimen, estaban en peligro los presupuestos y convenios de la AVEC que cubren específicamente estos programas especiales y de mayor necesidad. Sería una vergüenza que, por deformaciones ideológicas, algunos impusieran su sectarismo y ahogaran estos proyectos.

Afortunadamente, también hay en el gobierno gente sensata y dispuesta a que estos programas de formación y de aprendizaje de oficios se fortalezcan en el convenio institucional de colaboración de la AVEC y el Estado, y no quieren que su gobierno excluya a los venezolanos más necesitados. Aprecian esta labor de los Cecal, en instituciones educativas católicas y no excluyen las escuelas radiofónicas, las casas hogares, las escuelas granjas y las modalidades de educación técnica, que son más costosas por la comida y los talleres.

Hace más de diez años personalmente invité y acompañé al ministro de Educación Navarro a visitar las escuelas de la parte alta de La Vega. Me agradó que fuera, escuchara a los niños y viera las realidades. Hoy, en esa zona pobre de La Vega alta, que va de Las Casitas hasta Las Torres, hay 7 escuelas de las que 5 son de la AVEC; 4 nacidas en los últimos 20 años por iniciativa de las comunidades católicas con inspiración y fuerza del Evangelio para superar los obstáculos y promover iniciativas; pero es el Estado el que debe a las familias la mayor parte del dinero escolar. Si no hay dinero, que renuncien a un tanque y 2 cohetes para financiar el programa nacional de los Cecal.