• Caracas (Venezuela)

Luis Pedro España

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Luis Pedro España

La soberbia del vencido

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No sé qué tan cansados están de la soberbia gubernamental; en mi caso, ya no me molesta, me apena. Es como el muchacho nuevo del liceo que llega pantalleando los primeros meses y, conforme queda en evidencia que no es tan bueno, ni tan listo ni tan valiente como decía, o termina integrándose al resto sin tantos complejos de grandeza o pasa a ser ignorado tanto en la clase como en el recreo.

Igualito está el gobierno. Sin el montón de dólares que la rueda de la fortuna petrolera le permitió disfrutar y malbaratar, ahora se encuentra desnudo, con una mano adelante y otra atrás, convertido en maula selectiva, pero sin dejar de ser petulante y expresarse con la misma arrogancia e ínfulas de historicismo que exhibían en el pasado.

¿De qué diablos se vanaglorian? ¿Dónde están los frutos después de 15 años de administración? Campañas y propagandas van y vienen sin que obviamente cambien las cosas. Cada vez tienen menos de dónde sacar excusas. La realidad no puede ser torcida. No importa si el pueblo es Chávez o si Maduro es pueblo, hasta 80% de los venezolanos dice que el país va por mal camino y más de 60% opina que con este gobierno no se resolverán los problemas.

Opinión pública y realidad se alinean a pesar de la millonaria industria de propaganda que han montado. Alguien debería advertirles que en algún momento tanta disparidad entre lo que dicen y lo que pasa solo contribuye a evidenciar que no pueden con la monstruosa crisis socio-económica que han creado.

La inflación en alimentos va a terminar por encima de 100% y la general, en más de 70%. Para el mes de agosto se corre el rumor de anuncios de unificación de los 3 tipos de cambio controlados en uno promedio que estará por el orden de los 22 bolívares por dólar, lo que hará que este gobierno rompa todos los récords de devaluación del bolívar.

Mientras, los voceros gubernamentales se turnan para irnos diciendo lo que ya sabemos, que por culpa de ellos el precio de la gasolina es un absurdo y la deben subir varios múltiplos de su precio actual. Todo lo anterior para que entendamos que en el último trimestre del año los precios de los desaparecidos productos controlados tendrán que revisarse nuevamente, así como los del resto de la economía.

Vamos para dos años completos de ajustes económicos ineficientes e incompletos. Seguramente, en 2014, apuraditos antes de las elecciones, seguirá el racimo de medidas empobrecedoras de un pueblo que parece destinado a pagar todas las ocurrencias, convertidas en errores, que el gobierno socarrón vendía como nobles medidas socialistas.

No importa a quién quieran cargarle el muerto de la crisis. Las actuales penurias, y las que todavía nos faltan por recorrer, no fueron producto de la caída de los precios del petróleo, o a la ingobernabilidad o de algún desastre financiero. El origen de esta crisis no es más que las erradas e irresponsables medidas económicas de un gobierno que, por un lado, se empeñó en repetir el fracaso de ideologías más que superadas y, por el otro, en tratar de conservar el poder a cualquier precio y sin importar qué tanto hipotecar el país.

Ante semejante saldo de fracaso e inviabilidad, y sin la menor autocrítica o enmienda, el comportamiento del gobierno sigue siendo arrogante y, en la misma medida, bastante ignorante de lo mal que vamos. Pretenden convencernos de que le hace un favor a la oposición con el tema del diálogo, cuando, tranquilamente, una oposición política irresponsable e insensible podría haberse sentado en la puerta de su casa a esperar que pase el cadáver de los inviables y derrotados por la realidad.

Pero no, una oposición responsable sabe que semejante actitud solo prolonga las penurias del país y, por lo tanto, que del hoyo donde nos metieron solo saldremos si el país se une en torno a un verdadero programa económico y una audaz política social, que le devuelva al venezolano la oportunidad de producir, vivir de su trabajo y acceder al bienestar que aspira, y no seguir pegados a las generalidades de un panfleto electoral que llaman “Plan de la Patria”.

Por ahora parece que van ganando los que torpedean algún tipo de entendimiento, los que impiden que el gobierno recapacite, o los que parecen convenirle que el gobierno siga en el error. Eso es lo que hacen y dicen los voceros más radicales del régimen. Quienes puede que no sean ya sino bufidos y bramidos de soberbios que el tiempo dirá, que para entonces, ya estaban vencidos.