• Caracas (Venezuela)

Luis Pedro España

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Luis Pedro España

¿Qué debe hacer la oposición?

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Recordemos algo que podría resultar pedagógico en este momento. La Unión Soviética no se derrumbó gracias a la política exterior de la ultraconservadora administración de Ronald Reagan. La reforma y posterior caída de todos los sistemas políticos y económicos de la Europa del Este fue producto de procesos internos, de inviabilidades acumuladas y la necesidad de reacomodos, que al principio trataban de ser cambios para que todo siguiera igual (como siempre tratan de hacer quienes ocupan el establishment), pero que terminaron en verdaderas debacles que transformaron sus realidades hasta modificarlas por completo.

El ejemplo puede que no sea del agrado de mucho compatriota que supone que su simple hastío, su presumida superior consciencia o el desespero por ver que el tiempo pasa y no termina de ocurrir el “final feliz” a que aspira, debería propiciar un estado de cosas que, sin saber muy bien cómo se desencadena, o creyendo tontamente que sí lo sabe, no entiende por qué la oposición “no-hace-algo” para que termine esta situación.

Los creyentes en las salidas, que se califican de mágicas porque en ellas no existe la adecuación de medios a fines, o de existir es poco menos que voluntarista, ven con desespero que el cambio en Venezuela no puede venir sino de dentro hacia fuera o de abajo hacia arriba. Suponen, creen o aspiran, que una acción decidida, valerosa probablemente, de alguien que hable claro, que se parezca a ellos mismos para estar seguros de que es de su bando, culpabilice como es debido, se desgarre en verbo encendido, y sea quien se convierta en el agente de cambio del país. No, las cosas no funcionan así.

La oposición, no importa a cuál de ellas nos refiramos, no puede por sí sola (subrayo esto último) superar este estado de cosas. Ni unida, ni con posición adelantada, ni desde los liderazgos emergentes, ni creando sus propios mártires. El país necesita algo más que líderes o gente con guáramo para alcanzar los cambios. El país necesita aprendizaje colectivo y ese es el que estamos viviendo por estos días.

La mala noticia es que los aprendizajes sociales son muy dolorosos, la buena es que necesariamente no son tan lentos. Su acorte depende de lo que haga la oposición. Los líderes pueden acortar ese sufrimiento por medio de su capacidad de persuasión y convencimiento. Mi admiración para esos líderes de la oposición venezolana que lograron que 49% de los compatriotas creyeran en la necesidad del cambio a pesar de tanto gasto populista y medidas irresponsablemente electoreras que, reveladas recientemente con el desparpajo de la carta de un exministro, trataron de hacer ficción de la verdadera situación del país, engañando por lo tanto, al 51% restante.

Lamentablemente, este cambio de preferencias, este deseo de transformación política, no fue suficiente. Tendrá que ser la realidad, aunque no solamente ella, la que ayude y termine por convencer a la fracción de aquellos que empecinadamente, por miedo, desconocimiento o simple utilitarismo, no cambiaron en el pasado y hoy, ante las evidencias prácticas de lo inviable, deberán ser convocados nuevamente por líderes que canalicen y aceleren el aprendizaje colectivo que estamos viviendo en forma de inflación, desabastecimiento, ineficiencia generalizada, injusticia e inseguridad.

Para lograr eso la oposición debe denunciar y proponer a la vez. Debe estar cerca y al lado del venezolano que sufre, pero que no sabe muy bien cuál es la causa de su sufrimiento. Tiene por deber explicárselo. Las posturas mesiánicas más bien la alejan del segmento que debe convencer. El “yo te lo dije” o “admite que te equivocaste” es una innecesaria humillación de quien desea más venganza que futuro. Atentar contra sus seguridades y consensos, pueden que aún vivos, solo apartará a una parte del pueblo a entender por qué las buenas intenciones de sus antiguos líderes no solo no eran tales, sino que además son las responsables de todas las calamidades actuales.

Tan inadecuado es suponer que solo en 2019 pueden producirse los cambios, como sentenciar que necesariamente debe ser antes. La oposición debe estar preparada para todos los escenarios, sin aferrarse a uno solo. Lo anterior no es contradictorio. Porque no hay forma de saber hasta dónde puede llegar la insensatez gubernamental o los cambios que vienen por dentro, es que debe estar lista para responder a lo que será la evolución de este sexenio y, a la vez, propugnar por una nueva gobernabilidad democrática, escogiendo el medio que lo garantice.

Si cada quien desde su trinchera, partido o responsabilidad de gobierno local, opta por la pedagogía y la aproximación al pueblo víctima de la crisis social, bien en el tiempo establecido, o en aquel que adelanten los acontecimientos, ocurrirá el cambio que el país tanto necesita.