• Caracas (Venezuela)

Luis Pedro España

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Luis Pedro España

La crisis que aún nos falta

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Después de la alocución de hace dos días está bastante claro que lo que ocurrió fue más un reajuste en el mapa de poder del gobierno que lo que el país en verdad necesita, un verdadero viraje en la conducción económica y social de los asuntos públicos.

Como ya es tradición en el egoísmo gubernamental, primero están los intereses puertas adentro y después todo lo demás. Las indefiniciones que persisten solo prolongan la agonía de un pueblo sin productos esenciales en los anaqueles o con precios desorbitados de lo poco que se va encontrando. La tozudez de quienes llevan equivocados el mismo tiempo que lleva menguando la renta petrolera nos mantiene en este atolladero de crisis recesiva que cobra sus víctimas en forma de pacientes sin tratamiento, empresas sin insumos, equipos sin repuestos y familias sin bienes con los cuales satisfacer las necesidades más básicas.

Todo lo anterior justificado y bendecido con tres o cuatro numeritos que para la desgracia de las ciencias sociales de este país se exponen sin la vergüenza de quien debería saber que tras esas cifras de desempleo abierto no se puede esconder toda una realidad social que no se corresponde con el supuesto éxito del gobierno.

Ya suena a letanía vacía el discurso falaz de sus cifras de pobreza, concentración del ingreso o cualquiera de las tablas que ayer, mal explicado y peor entendido, trataron de justificar porque todo lo que opinan los agentes económicos y sociales está equivocado y que solo son ciertas las interesadas fantasías de un gobierno que se resiste empecinadamente a comportarse de manera responsable y asumir de una buena vez las consecuencias de sus errores.

Hace dos días asistimos a la recaptura del poder por parte del conservadurismo y la tradición dentro del gobierno. Los mínimos intentos de reacomodo frente a la nueva realidad de caída de la renta y límite de tolerancia del intervencionismo estatal fueron castrados por la definición de una lucha en el poder donde privó aferrarse al pasado que hacerle frente al presente y los retos del futuro.

El resultado de todo este episodio del sacudón será la necesidad de tener que anunciar la necesidad de otro nuevo sacudón. Esta vez en condiciones económicas más difíciles, con menos credibilidad y con un saldo social negativo que no solo se pudo haber evitado, sino que para entonces será parte de la ingobernabilidad con la que tendrán que lidiar los artífices de la inacción que muestra el gobierno.

Los próximos días serán tiempos para evidenciar cómo empeorarán los verdaderos indicadores de la crisis del país. Desabastecimiento e inflación, ese monstruo de dos cabezas que el gobierno minimiza, ignora o convierte en ilusas batallas contra sus consecuencias, seguirá avanzando y creciendo para el sufrimiento del pueblo. Contra él no funcionan los remedios ideológicos, ni las declaraciones políticas; son medidas sensatas, esas que el gobierno se empecina en desechar, las únicas que pueden contra estos problemas que nos conducen al atraso y el sufrimiento social.

Siguen los días negros para el país. Siguen las posposiciones y omisiones que nos siguen lanzando al último lugar de todos los rankings internacionales del desarrollo y el bienestar. Siguen las causas de nuestros males.
Debe ser que aún nos falta mucha crisis por recorrer.