• Caracas (Venezuela)

Luis Pedro España

Al instante

Voto, cambio y petróleo

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Todo el discurso reivindicativo de los años ochenta. Todos los cine foros sobre la “deuda eterna”, los encendidos debates de los parlamentarios contra la corrupción, la denuncia del costo social por las recesiones económicas de los programas de ajustes, junto a los reclamos por participación y debate sobre las políticas públicas, no sólo podrían reeditarse en el presente, sino que se quedarían cortos frente al descalabro socioeconómico que han generado precisamente esos dirigentes de la izquierda ochentosa, hoy apoltronada en el poder.

Con la mayor insinceridad y con gastados artificios, los entonces paladines de la verdad se deshacen en mentiras para llegar al 6 de diciembre. Tratan de pagar las deudas con la liquidación de activos financieros, empeñando el oro de las reservas, planeando de venta de los activos en el exterior de Pdvsa, todo ello como parte de las acciones desesperadas de quienes están dispuestos a todo, antes que reconocer que se quedaron limpios y copiosamente endeudados. Le confiamos las finanzas del país a quienes se creyeron el cuento del techo de producción de petróleo, del precio del barril próximo al infinito, del país que podía poner al mundo entero de rodillas gracias al petróleo y, la verdad ha sido, que en el suelo nos tienen con una deuda que luce impagable.

Pero la prioridad del gobierno no se pasea por esa realidad. Aún cuando estamos al borde del default, están dispuestos a vender, empeñar, trampear y, claro esta, engañar a todos los venezolanos con tal de llegar a diciembre. No importa en que condiciones, con cuanta crisis a cuesta o que tan impedidos estemos para afrontar el futuro. Lo que cuenta es parapetar las elecciones y sus resultados, salir más o menos, para declarar algún tipo de nueva victoria heroica que les permita seguir acrecentando la tragedia nacional.

Una cuenta simple podría resumir nuestras desgracias. El próximo año, suponiendo que de este se salga solvente, deberán cancelarse cerca de 16 millardos de dólares en servicio de deuda. Con un barril al precio actual, deberíamos destinar poco menos de la mitad al servicio de los compromisos internacionales. Conclusión, esa deuda, contraída en los mejores años de precios petroleros, no podrá pagarse y el país entrará en una crisis mucho peor a la actual. Paradoja, como nunca antes el falso amigo del pueblo supero a su antiguo enemigo.

Pero las desgracias no vienen solas, las noticias petroleras, únicas sobre las cuales descansan las locuras de este socialismo petrolero, no pueden ser peores. En el mercado internacional se ha desatado una guerra de precios. No sólo Arabia Saudita y sus socios del Golfo están tratando de capturar mercados y adelantarse a la posibilidad de que Estados Unidos comience a exportar petróleo tras la eliminación de la prohibición de exportación que se decretó en el contexto de la crisis energética de los años setenta, sino que además, los acuerdos con Irán y su plan de desarrollo nuclear incrementará las exportaciones de petróleo de ese país, lo que inundará al mercado con nuevo y más barato petróleo… y China de bajada.

Estamos en los umbrales de la profundización de la peor crisis económica y social de Venezuela, y el barco lo conduce la más incompetente tripulación que existía en el muelle. Vamos rumbo a una gran debacle que solo un resultado de cambio en las próximas elecciones, contundente y aleccionador, podrá detener. Para lograrlo hace falta ganar y desde la Asamblea formular un nuevo plan de desarrollo, que de al traste con el socialismo petrolero y a la polarización, creando una nueva forma de hacer política, un nuevo acuerdo de unidad nacional, que nos permita superar las irresponsabilidades del pasado, representadas en este presente, que no tiene ni una sola respuesta para el futuro.