• Caracas (Venezuela)

Luis Pedro España

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Luis Pedro España

Tiempos locos

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Creo que todo el país se ha dado cuenta de que el Gobierno comenzó la campaña electoral por las presidenciales. Aunque su opción preferida sea la posposición de lo que parece inevitable, es decir, que vayamos a elecciones por ausencia absoluta del Presidente de la República antes de completar la mitad del mandato, también lo es mantenerse en la posición ventajosa que le supone estar en campaña, acusando a los demás de pretender estarlo.

En lo que a la oposición se refiere, resulta evidente que ella también va a la confrontación electoral. Tiene candidato y seguidores, sólo falta que se oficialice la disputa, asunto que puede que no ocurra sino cuando sea imposible de ocultar lo inevitable.

Mientras el Gobierno va por su juego político, el país y sus problemas siguen siendo los eternos segundones. Consolidar el proceso, hacer irreversible la revolución, mantenerse indefinidamente en el poder es el único determinante de sus políticas públicas. Todo aquello que pueda ser malo para la popularidad del Gobierno, pero bueno para el desarrollo y la viabilidad del país, será pospuesto indefinidamente.

En uno de esos eventos sobre perspectivas que están necesitando múltiples agentes económicos para decidir sus planes y acciones de, por lo menos, los próximos seis meses, escuché a un amigo economista decir que las medidas económicas dirigidas a superar las dificultades que provienen de la insuficiencia de recursos para las importaciones y paliar parte del inmenso déficit fiscal tienen por reloj lo que estiman será el momento de ir a elecciones. El problema es que nadie puede saber eso. Puede que sea dentro de 30 días contados a partir de mañana, o dentro de un año, o puede que quién sepa. Todo depende de una variable que sólo Dios sabe cuál será su desenlace.

Evidentemente, todo sería más fácil si el Gobierno llegase a estar convencido de que el vicepresidente ejecutivo, y designado como candidato presidencial en caso de ser necesario, le puede ganar las elecciones a Henrique Capriles, pero eso ni lo saben ni están seguros de que sea así al día de hoy. De allí que se inició la campaña con el certamen de insultos, provocaciones irritantes y altisonantes declaraciones, y será la clave de estos tiempos locos.

El Gobierno está montado en el guión del proceso revocatorio. Ese que la oposición ganaba si era a principios de 2004, y que la buena fortuna de un boom petrolero junto con los empecinados errores de una oposición radical, que creyó que lo malo para el pueblo lo sería también para el Gobierno, fue oxigenando la popularidad de un presidente que llamó a revocatorio cuando 60% lo tenía en el bolsillo.

Vamos por lo mismo. Polarización y provocaciones, abusos y escándalos, para que los indignados que se preguntan qué va a pasar y por qué nadie hace nada incentive actos de descocados estudiantes impulsivos, active las agendas secretas o a las fracciones que están convencidas de que el régimen no cambiará si el pueblo termina por retirarles el respaldo. Vienen tiempos de mucha cordura y mayor valentía. Vienen tiempos de aferrarnos a lo poco que nos queda de la Constitución y las leyes.

Vienen tiempos locos, preparémonos abrazados a la ley y a lo que le conviene a la mayoría del pueblo, ese que no desea más incertidumbre de la que vive en el barrio, el empleo informal o la inseguridad permanentes. Que sea el Gobierno el responsable de alborotar los tiempos locos.