• Caracas (Venezuela)

Luis Pedro España

Al instante

Revolución de penurias

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Atrás quedó el país que de un solo trancazo compró televisores, neveras y carros nuevos que renovaron los que hasta hacía poco estaban bajo régimen de remiendo. Pocos años duraron las remodelaciones de cocinas, ampliación de vivienda, cambios de piso o adquisiciones de nuevos inmuebles. El fin de semana pasado se dio por concluido eso de andar saliendo del país, estudiar en el exterior o enviarle remesas a los paisanos.

Todo lo anterior, eso que llamaron la revolución bonita, hace rato que terminó. Hoy damos paso a la revolución auténtica, a la que finalmente se llega no importa qué tanta riqueza se tenga, cuánta capacidad tenga su pueblo o qué tanto deseo de superación, independencia o espíritu de laboriosidad los caracterice. La revolución socialista, todas las tentaciones autoritarias igualitaristas debiéramos decir, terminan dilapidando las riquezas, reprimiendo y expulsando a los capaces y modificando los incentivos para dejar en claro que es más importante la adulancia y los contactos, que el trabajo y el deseo de progresar e independizarse.

Ahora estamos en la revolución de las penurias, con ella hemos topado. Llevamos semanas sin saber lo que es la carne ni el pollo, meses sin saber lo que es lavar la ropa, usar detergente o contar con productos de aseo personal. Ya son años, dos para ser exactos, donde la mitad de las conversaciones con amigos y familiares se nos va en tratar de saber quién tiene o vende papel de baño, pañales, máquinas de afeitar, azúcar, café o harina.

Ahora nuestra máxima felicidad posible se resume al puesto en una cola, a la suerte de llegar al mercado en el momento indicado o dar con la farmacia que tiene lo que nos mantiene con vida.

Como siempre ocurre, las penurias no son iguales y mucho menos equitativas. Para la mayoría, para los que vivimos con bolívares, la penuria cada día se hace más grande. No importa si el BCV pública o no las cifras de inflación, o si el INE quiere seguir diciendo mentiras, basta salir de casa para saber que cada vez somos más pobres.

Pero para la minoría, para los que acumularon las divisas que por 14 años ha controlado y distribuido el gobierno, las penurias sencillamente no existen. Para ellos la revolución sigue siendo bonita.

Aún falta mucha penuria por recorrer. Ante cada evidencia de fracaso, cada metro que nos hundimos en la pobreza, cada cierre de empresa, muchacho que se va de casa al extranjero, pariente que muere por falta de insumo, artefacto que se arruma porque le falta una pieza o simple receta de abuela que se olvida porque no hay con qué hacerla, la respuesta del gobierno no es sino lo peor que se le ocurre.

No puede ser de otro modo. Mantenerse obstinadamente en lo que no ha servido es el único argumento que les queda para seguir en el poder. Lo contrario sería desmantelar una cadena de privilegios, cuando no de corrupción, impunidades y vistas gordas, que se llevaría por delante todos los iconos, personas, líderes e ideas con los que se ha tratado de tapar tanta improvisación, ineficiencias e incompetencias que son lo que en definitiva nos han traído hasta acá.

Al país de las penurias le queda tanto camino como el que necesite su pueblo para despertar. Al minoritario, ese que sigue viviendo a costa de la revolución bonita, su inverso proporcional.