• Caracas (Venezuela)

Luis Pedro España

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Luis Pedro España

Radicalismo poschavista

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Tienen algún tiempo desfilando por los pocos medios libres que nos quedan. Se presentan como críticos al proceso. Se autodenominan como los verdaderos y originarios. Se jactan de dar consejos, escriben comunicados y ponen cara de acabar de descubrir el agua tibia.

A los periodistas que buscan con honestidad las dos caras de la moneda no les queda más remedio que recurrir a estos rock star del poschavismo, tratando de encontrar autocríticas ante tanta soberbia y petulancia. Se trata de cierta izquierda que pareciera deslastrarse de lo que ya podríamos llamar “el chavismo real”.

Algunos de ellos quisieron formar parte de las altas esferas, de los círculos cercanos al caudillo, pero a la postre no pasaron de engrosar la nómina de los formadores de cuadros. Otros ostentan haber sido ministros de alguna de las multisápidas tendencias que han acompañado al gobierno a lo largo de todos estos años. A todos los une la toma de distancia de lo que claramente es ya un nuevo “fracaso histórico” de la izquierda radical.

Por ello hacen causa común tratando de poner a resguardo sus argumentos y propuestas, para dentro de unos años, desde la oposición de algún café, tener cómo salvar responsabilidad de nuestra actual desgracia.

La escotilla de salida se resume en que el gobierno no ha sido, o en el presente la administración de Maduro no es (porque ni locos se les ocurre meterse con el fundador de todo esto), lo suficientemente radical.

El argumento es tan repetitivo que aburre. Resulta que el problema de que todo haya salido mal es que no lo han hecho suficientemente mal. Para ellos todo es un problema de “incorrecta administración”, falta de conciencia, insuficiencia de controles, laxitud legal, corrupción y, claro está, veleidades socialdemócratas o revisionistas que han impedido una adecuada implementación del modelo originario.

Les cayó de perla el asunto de los 25.000 millones de dólares asignados a quién sabe dónde. Ahora todo parece resumirse en buscar dónde están esos reales para que los devuelvan. ¡Y ya! Las trabas operacionales y las incompetencias en las empresas del Estado, esas que deberían producir al menos una parte de lo que falta en los anaqueles, no se deben a los modelos gerenciales que privilegian las decisiones políticas sobre las económicas, sino todo lo contrario. Se requiere más injerencia partidista y doctrinaria, más control obrero, más interferencia socialista.

Para este radicalismo, que parece prepararse más para la transición al poschavismo que al socialismo, lo propositivo se formula en tiempo verbal de oposición cuasi guerrillera o en simple profundización del desastre. Más nacionalizaciones, controles y fiscalizaciones.

Preciaran olvidar que son los suyos los que están mandando. Una inmensa flojera académica les impide renovar el discurso, superar los clichés ochentosos y tomar de la izquierda moderna algunos de sus debates contemporáneos. Calentar un poco el asiento y leer a Mouffe, Piketty o al menos al ya fallecido Sánchez Vásquez, entre muchos otros. Platearse en serio el tema de la productividad y los problemas de la desigualdad, así como la vigencia y el papel de la democracia en la conformación de sociedades de hombres libres.

Pero no, el radicalismo poschavista no hace sino incrementar el enredo de un gobierno atrapado en la incomprensión de la realidad que le tocó vivir. Ellos, desde la pose originaria que pretenden, no son otra cosa sino la mejor prueba del poco futuro que tiene el gobierno, pero también aquellos que pretenden ser sus críticos.